Recursos de fe para este sábado 7 de julio

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Viernes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Feria, o Bienaventurada Virgen María. Colores verde o blanco

Primera lectura

Lectura de la profecía de Amós (9,11-15):

Así dice el Señor: «Aquel día, levantaré la tienda caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos. Para que posean las primicias de Edom, y de todas las naciones, donde se invocó mi nombre. –oráculo del Señor–. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que el que ara sigue de cerca al segador; el que pisa las uvas, al sembrador; los montes manarán vino, y fluirán los collados. Haré volver los cautivos de Israel, edificarán ciudades destruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán de su vino, cultivarán huertos y comerán de sus frutos. Los plantaré en su campo, y no serán arrancados del campo que yo les di, dice el Señor, tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 84

R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.» R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-17):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.»

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Sábado de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El leccionario llega al final del libro de Amós. El capítulo 9 constituye otra visión, algo diferente en su estructura, porque «está simplificada en su primer elemento y muy ampliada en el resto» (L. Alonso Schökel – J. L. Sicre Díaz). En su primera parte (vv. 1-10) anuncia el implacable fin del reino; en la segunda, el día de la restauración (texto de hoy). Entre una y otra hay una breve doxología (vv. 5-6) y una amenaza a los pecadores (vv. 9-10).
Sin embargo, vale la pena destacar el v. 7, donde el profeta declara que ante el Señor todos los pueblos son iguales («¿acaso no son ustedes para mí como nubios, israelitas?»), y que él muestra solicitud por la libertad de todos ellos («Si saqué a Israel de Egipto, saqué a los filisteos de Creta y a los sirios de Quir»). Él ha realizado ya otros éxodos.
Am 9,11-15.
Nuevamente aparece un «día» puntual y unos «días» subsiguientes, pero ahora en un horizonte positivo:
1. «En aquel día», el Señor restaurará la dinastía de David, que ha quedado reducida de una casa a una choza ruinosa:
• tapiar sus brechas, levantar sus ruinas y reconstruirla para que quede como era antaño, en los tiempos gloriosos de David.
• llevarla al triunfo, que consiste en la reconquista de todos los pueblos que un día pertenecieron al Señor (no al reino de David).
2. «En aquellos días», el Señor cambiará la suerte de su pueblo. Se caracterizará este cambio por estos rasgos:
• la bendición será notable: las labores del campo se sucederán de tal forma que la tierra mostrará una fecundidad inagotable.
• la era paradisíaca será recuperada: los montes y las colinas manarán vino (cf. Jl 4,18, expresión de desbordante alegría).
• restablecimiento del pueblo: recuperarán su tierra, reconstruirán sus ciudades y las habitarán en paz y a perpetuidad.
En el v. 8 había afirmado que «la casa de Jacob» no sería enteramente suprimida, la destrucción solo alcanzaría el reino culpable, no la totalidad de los elegidos. El profeta anuncia aquí con toda certeza lo que había dejado pendiente como una posibilidad (5,15: «…a ver si se apiada el Señor, Dios de los ejércitos, del resto de José»). Este cambio de la suerte de «Israel» se expresa como una restauración que se inscribe en la instauración del reinado de David, más que en volver a la recomposición del reino del Norte (cf. Is 58,12; 61,4; 62,8-9; Ez 36,33-38).
Las maldiciones a consecuencia de los pecados (injusticias) se truecan ahora en bendiciones por pura generosidad de Dios. El pueblo había sellado su destino al optar por no escuchar al Señor e irse en pos de sus caprichos, pero el Señor sale al rescate por fidelidad a sí mismo.
Este hecho, reiterado una y otra vez en la historia del pueblo, abre la posibilidad de restauración y perdón. La alianza fue quebrantada, pero el Señor la renovó.
En algunas ocasiones hemos acudido a la eucaristía con las ilusiones rotas y, sintiendo que somos indignos y culpables, además. Pero allí hemos recibido un mensaje sabio, estimulante, consolador y reconfortante. Nos consta que el amor de Dios es fiel y gratuito, y que abraza a los pecadores lo mismo que a los justos, a los buenos tanto como a los malos. No nos pone condiciones, pero sí nos capacita y estimula a dar lo que hemos recibido. Y esto no es imposible ni gravoso, porque, después de conocer lo bueno que es el Señor, el Espíritu que él nos infunde nos impulsa a amar como él. Después de conocer el amor del Señor, ninguna meta de amor nos resulta inalcanzable.
Feliz sábado en compañía de María, la madre del Señor.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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