Recursos de fe para este martes 10 de julio

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Martes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año II

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas (8,4-7.11.13):

Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 113B,3-4.5-6.7ab-8.9-10

R/. Israel confía en el Señor

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R/.

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R/.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38):

En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Martes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
En tiempos de Oseas, ya los cananeos practicaban la prostitución cultual, y los israelitas cayeron en esa práctica (cf. Os 4,13-14). Esto permite ver más claramente las equivalencias que el profeta establece entre prostitución, idolatría, fornicación, adulterio e infidelidad a la alianza. Él se casó con una mujer dada a esos cultos, y tuvo experiencia directa del drama del amor traicionado. Esta experiencia suya sirve de telón de fondo a su predicación (cf. Os 3, omitido).
Los sacerdotes y la gente del pueblo han sido cómplices de la inmoralidad; ambos son culpables de la descomposición social y de la ruina que amenaza el país. En estas condiciones, el culto no vale, las alianzas con los poderosos no salvan, las falsas palabras de conversión no convencen y la mala fe es patente, sobre todo en el gobierno, que insiste en apoyarse en los imperios paganos de turno; todos son insinceros y desagradecidos (cf. Os 4-7, omitidos)
Os 8,4-7.11-13.
La ruptura de la alianza produjo el abandono de la Ley. El pueblo decía conocer a Dios, pero, al mismo, tiempo rechazaba el bien (cf. Os 8,1-3, omitido). Los sucesivos golpes de Estado que se han dado en el reino de Israel, junto con la idolatría instaurada por Jeroboán I, lo han vuelto un reino en cual «siembran vientos y cosechan tempestades». El reino se malogró, la convivencia se hizo cada vez más difícil, la vida no tenía futuro («las mieses no echan espiga ni dan grano, y si lo dieran, extraños lo devorarían»). La política del reino no ha contado con aprobación del Señor. En este momento, el profeta se desinteresa de la legitimidad de la dinastía para concentrarse en la legitimidad de la política; es decir, el reclamo no se dirige a que se nombraron reyes ajenos a la dinastía de David, sino a la ruptura de la alianza y a la violación de la ley de convivencia, por la forma intrigante que revistió la política, en detrimento de la justicia social.
La religiosidad de Israel ha multiplicado la cantidad y la gravedad de su injusticia. La Ley, que es una pieza de la alianza, le resulta extraña al pueblo fundado sobre ella. Por eso, todo lo que hacen resulta vano, sus sacrificios no son gratos. Había una deuda: adquirieron el compromiso de no comportarse como el faraón, pero no lo han cumplido. «Tendrán que volver a Egipto», es decir, desandar la historia, perder la tierra, volver a la esclavitud de la que fueron rescatados.
Los faraones edificaron enormes y fastuosas construcciones a costa de los esclavos, así también Israel edificó palacios y Judá fortificó ciudades, con alto costo social, poniendo toda su confianza en esas construcciones. De nada les valdrán cuando se desate en su contra la codicia del invasor. Todo su esfuerzo estará perdido, y quedará frustrada su confianza ellas.
Amós denunció la injusticia social desde la perspectiva de los pobres de Israel; Oseas, desde la perspectiva de Dios. El resultado es el mismo. Quien es desleal con el hombre es infiel a Dios; quien es infiel a Dios, es desleal con el hombre. La idolatría consiste en fabricar dioses a medida y antojo humanos, que sirvan de pretexto para disfrazar intereses de los fabricantes de ídolos. La lucha que se tradujo en golpes de Estado escondía la idolatría del poder. Y el poder recurre a las pasiones humanas para legitimarse y perpetuarse. En la antigüedad existió la «prostitución cultual» (mejor que «prostitución sagrada»); en tiempos recientes, la llamada «sex revolution» (la irresponsabilidad sexual como culto a la libertad). Y no es coincidencia que sea contemporánea de lo que hoy se llama «la crisis de la democracia». Cuanto más irresponsable sea el individuo, tanto más caótica resulta ser la convivencia social.
La eucaristía, que nos hace responsables del «Cuerpo entregado» del Mesías, nos exige mayor responsabilidad individual en todos los ámbitos de la convivencia social. La comunión con «el cuerpo de Cristo», aceptada con el significativo «amén», nos compromete a ofrecernos del todo a la causa de la justicia, para consagrarnos a Dios (cf. Rm 6,19).
Feliz martes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

 

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