Recursos de fe para este lunes 17 de septiembre

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesidesincelejo.org)

Lunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año II

San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria libre

Colores blanco o verde

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,17-26.33):

Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 39,7-8a.8b-9.10.17

R/. Proclamad la muerte del Señor,
hasta que vuelva

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»
los que desean tu salvación. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,1-10):

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Lunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Al parecer, hay dos tradiciones respecto de la institución de la eucaristía, la de Marcos y Mateo, que mencionan primero las palabras sobre el pan y luego las palabras sobre la copa, y la de Lucas, que menciona la copa antes del pan, y narra más brevemente la fracción del pan (los vv. 19-20 serían una interpolación añadida para armonizar con Mt y Mc, por eso su carácter repetitivo).
Pablo parece conocerlas ambas (1Co 10,14-22; 11,23-25), y no ve problema en eso. La eucaristía aparece mencionada en esta carta dos veces: la primera, para referirse a la relación con el Señor y prevenir contra la idolatría; la segunda, para referirse a las relaciones comunitarias y censurar la incoherencia. Si en el leccionario se omiten los vv. 27-29, en el comentario se tienen en cuenta.
1Co 11,17-26.30.
Pablo corrige dos problemas, afirma una realidad y muestra dos consecuencias de la eucaristía:
1. Dos problemas en Corinto.
a) Los bandos mencionados (cf. 1,10-12) impiden que se vea la unidad de la comunidad, y hacen la celebración más dañina que provechosa, porque perturban la asamblea. Pablo recibió noticias de eso y les da crédito, porque las pugnas son inevitables en una comunidad dividida. Pero eso da ocasión para que los más maduros se destaquen, porque ellos no participan de tales pugnas.
b) La comunidad era sobre todo de pobres (cf. 1,26-29), pero había en ella diferencias de clases sociales, y en sus asambleas se hacía desaire a los más pobres: antes de celebrar la eucaristía había una comida común, como un bufé, pero, en vez de compartir fraternalmente, cada uno comía a solas, sin que le importaran los demás. Eso afrentaba a los pobres y era del todo censurable.
2. Una realidad universal.
Declara que la eucaristía es una tradición que viene del Señor, y subraya su carácter de memorial de la muerte y resurrección del mismo. Añade las palabras «hagan esto en recuerdo mío» tanto después de la fracción del pan como en el momento de repartir la copa, e insiste en el carácter de memorial que tiene la celebración de la cena. Así, la eucaristía es como una renovación de las promesas del bautismo, pero en forma colectiva, y esto se apoya en el empeño individual.
3. Dos consecuencias de la celebración.
a) Positiva. El cristiano al celebrar la eucaristía conmemora la muerte del Señor, se hace solidario con ella y renueva así su bautismo, reafirma su ruptura con el mundo injusto y su inserción en la comunidad de fe, y expresa en público su voluntad de prolongar la entrega del Señor por todos, entrega que se concreta en las relaciones fraternales de la comunidad, y por el testimonio de vida y de palabra en la misión.
b) Negativa. Quien coma y beba de la mesa del Señor sin valorar el pan y la copa, responde por el cuerpo y de la sangre del Señor. Es preciso examinarse y discernir, para no comer y beber la propia sentencia. Por eso, por tratar la cena del Señor con frivolidad, languidece la vitalidad de la comunidad, y muchos «mueren» (se separan de la comunidad). El Señor no es vengativo ni resentido, lo que él quiere es apartar a los suyos de la perdición del mundo injusto.
El apóstol concluye su exhortación invitando a los hermanos a ser considerados unos con otros, a distinguir la eucaristía de la comida habitual, y a darles a las asambleas eucarísticas el valor que tienen. Esta exhortación no pierde validez. Hay que evitar que las divisiones sociales, económicas o políticas del mundo se incrusten en sus asambleas. Tampoco pueden aceptar dividirse por aparentes motivos religiosos, porque la división es infantil y no le da culto al Señor.
La valoración de la eucaristía no consiste simplemente en declarar su carácter sagrado –que lo tiene– sino en vivir el compromiso que ella entraña, de modo que su celebración sea profesión de fe, y la asamblea eucarística sea testimonio misionero ante el mundo injusto.
Feliz lunes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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