Recursos de fe para este jueves 5 de julio

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Foto de Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Jueves de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Primera lectura

Lectura de la profecía de Amós (7,10-17):

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: «Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro.»»
Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»
Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.» Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: «No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac.» Pues bien, así dice el Señor: «Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18

R/. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,1-8):

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.»
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.»
Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.»» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Jueves de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El capítulo 7 contiene tres visiones y las correspondientes reacciones del sacerdote Amasías, de Betel. Después de las dos primeras, Amós intercede por el pueblo; de la tercera en adelante, no.
Opinan los estudiosos que este texto (Am 7,10-17) fue insertado por discípulos del profeta –ya que rompe la unidad del relato– para mostrar las reacciones que provocó su anuncio contra la casa real (cf. 7,9). Este es un ejemplo del pecado denunciado en 1,10-11.
Am 7,10-17. 
En primer lugar, el sacerdote Amasías (אֲמַצְיָה: «el Señor es fuerte»), rector del santuario de Betel, se dirigió al rey Jeroboán para acusar ante él a Amós como agitador político, pues resumió lo que este dijo, pero no en nombre de quién lo dijo. Luego, quizá siguiendo instrucciones, Amasías le ordenó a Amós retirarse de Betel y refugiarse en Judá (su tierra):
1. Lo trató de «vidente» (חֺזֶה), con cierto matiz despectivo («visionario»).
2. Lo mandó a ganarse la vida en Judá, como si Amós fuera un profeta de los que vivían de ese oficio, como eran los profetas de la corte, y, en general, los falsos profetas.
3. Le prohibió profetizar en Betel, por ser el templo real y santuario nacional. Lo primero pone el templo al servicio del rey; lo segundo excluye a Amós, porque él es de Judá, no de Israel.
La respuesta de Amós fue tajante:
1. Él no ha sido profeta de oficio (נָבִיא), ni miembro de algún gremio de profetas.
2. Él se ganaba la vida como ganadero y cortador de forraje para animales.
3. Fue el Señor quien le cambió la vida enviándolo a profetizar a Israel.
Y pasó a profetizar para Amasías y para Israel:
1. Al que le prohibió profetizar, el Señor le anuncia las consecuencias de rechazar su mensaje:
• La deshonra de su mujer (la violencia sexual era común en la guerra).
• La muerte de sus hijos «a espada», es decir, a causa de la guerra.
• La expropiación de su tierra (despojo que implicaba pérdida de la libertad).
• Su muerte en tierra pagana (algo muy triste para cualquier israelita).
2. Al pueblo entero, sometido al rey por manos del sacerdote, le anunció:
• La expulsión de su propio país (esto era práctica común de guerra: el desplazamiento).
• La pérdida de su independencia (a causa del dominio del ejército invasor).
• La posible desaparición como nación (a causa de todo lo anterior).
Jeroboam reinó entre 787-747; su reinado terminó 25 años antes de que se cumpliera la profecía de Amós, en el año 721, por la invasión de las tropas del rey Sargón II de Asiria.
El poder es arrogante y autodestructivo.
Amasías, apoyado en el poder del rey Jeroboán, expulsa con desprecio tanto del santuario como de su reino a Amós. Sin embargo, él, el rey y el pueblo serán expulsados de su propio país por unos paganos más arrogantes todavía, a los cuales les llegará su hora de derrota por la prepotencia de los caldeos, quienes, a su vez, después serán derrotados por los medos, y así sucesivamente.
Solo tiene valor permanente lo que sirve a la dignidad y libertad de los pueblos. Eso es lo que Jesús quiere enseñarnos a sus discípulos. Si adoptamos criterios «mundanos», incurriremos en la idolatría del poder, y esta nos llevará a la ruina. Si seguimos a Jesús, apareceremos como débiles («mansos»: Mt 5,5), pero seremos los verdaderos «herederos» de la tierra (la libertad).
La eucaristía es memorial de que la vida entregada es la vida llevada a su plenitud. Comulgar con Jesús es optar por servir en vez de dominar. El servicio no nos empequeñece, sino que nos hace grandes (cf. Mc 10,43). Y ese resultado se comprueba desde ahora.
Feliz jueves eucarístico y vocacional.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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