Recursos de fe para este jueves 2 de agosto

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Inmaculado Corazón de María, patrona de la Diócesis de Sincelejo

Memoria obligatoria, color blanco

o

Miércoles de la XVII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (18,1-6):

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra.»
Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero.
Entonces me vino la palabra del Señor: «¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? –oráculo del Señor–. Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes. R/.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Jueves de la XVII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El profeta no es un «funcionario» subordinado de Dios, es un hombre que ha aceptado al Señor en su vida y ha permitido que él lo convierta en su «boca» (Jr 15,19), es decir, su vida entera se convierte en mensaje del Señor; no hay distinción entre vida pública y privada. Jeremías sintió la exigencia de renunciar a casarse y tener una familia para anunciar el mensaje y denunciar tanto la infidelidad del pueblo y sus consecuencias como la de los reyes y su responsabilidad en el final desastroso que le aguarda a la nación (cf. Jr 16,1-17,27, omitido).
La palabra del Señor no le viene al profeta de un modo deslumbrante, desde afuera, sino desde adentro, de la experiencia humana leída e interpretada con la mente de Dios. Así como Oseas escuchó el mensaje en su atormentada vida de pareja, y anunció con vibrante palabra humana la palabra de Dios, ahora Jeremías, a partir de la cotidiana experiencia del alfarero, ilustra cómo es la relación de Dios con su pueblo.
Jr 18,1-6.
La vida ordinaria es palabra de Dios que hay que aprender a escuchar. El Señor se revela en la creación y en la historia, y en ambas interviene y actúa sin dejar otro rastro distinto al de su acción bienhechora. Jeremías aprende poniendo atención al día a día, y descubre el mensaje de Dios en el oficio de un humilde artesano, a cuyo taller el profeta debe «bajar», porque ese será el lugar («allí») de la comunicación divina.
No hay revelación espectacular, sino observación del modo como procede el alfarero, «imagen y semejanza» del Creador con su trabajo (cf. Gn 1,26-27; 2,15). Observación de un trabajo cuyo sentido más profundo le va revelando al Señor. El profeta observa y el Señor le hace «escuchar» sus palabras. Es decir, el profeta oye al Señor a través de los acontecimientos que presencia.
La analogía no está cifrada en un supuesto poder arbitrario del Creador sobre su creación, sino en la conformidad o disconformidad de una obra con el designio de su autor. Tanto el alfarero como el Señor rehacen lo que hacen porque se estropea; entonces se deciden a volver a empezar moldeando su creación de otro modo, hasta lograr la conformidad de la obra con lo que se había proyectado. El material con el que trabaja no es «arcilla» (cf. Gn 2,7), sino «barro» (cf. Gn 11,3). La primera está referida a la creación del ser humano; el segundo, a la construcción de ciudades (o de civilizaciones). En esto último se observa una cierta tensión entre el proyecto «comunitario» del Señor y las iniciativas de «los hombres». Estas últimas implican la opresión, la explotación y la humillación de unos hombres por otros (cf. Ex 1,14). Por eso el Señor quiso tener un pueblo que propusiera su proyecto a los demás. Ese era Israel. Y si el hombre solo se da por satisfecho cuando ha logrado su objetivo, porque busca la perfección, ¿no puede el Señor insistir hasta que el pueblo que él se adquirió dé la talla del testimonio que él pretende? El pueblo debe aceptar que el Señor lo conduzca a su destino, en un «éxodo» continuado, hasta su plena libertad.
La actuación de Dios en la historia no es caprichosa ni arbitraria. Su referente es un designio de amor que él insiste en llevar a cabo con la libre cooperación de los seres humanos. La imagen del alfarero insiste en el proyecto de Dios y en la resistencia que le opone el «barro».
Los «callejones sin salida» en los que se ve a veces la historia son circunstancias propicias para «bajar a casa del alfarero» y repensar y replantear esa historia. Es inútil insistir: cuando la obra se estropea, hay que rehacerla. Lo que no se debería perder de vista es el designio de Dios. En eso sí hay que insistir, porque, de lo contrario, claudicaríamos condenando nuestra vida y nuestra convivencia a un indeseado fracaso.
El Señor nos renueva continuamente, y con la acción del Espíritu nos capacita e impulsa para que hagamos nuevas todas las cosas. Por eso, la eucaristía de cada día es nueva y renovadora.
Feliz jueves eucarístico y vocacional.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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