La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-miércoles

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Miércoles de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir. Memoria obligatoria, color rojo

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5,18-25):

Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio,
el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley.
Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6

R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,42-46):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»
Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»
Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!»

Palabra del Señor


Reflexión del día

Miércoles de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Después de explicar en qué consiste la libertad cristiana, Pablo lamenta que los gálatas se hayan dejado influenciar por quienes pretenden destruir esa libertad. Confía en que, con la ayuda del Señor, ellos regresen a la comunión con él, pero advierte que el responsable cargará con su sanción. Los detractores de Pablo lo acusaban de lo que fuera, hasta de ser partidario sus contradictores. Pablo defiende su postura alineándose tras «el escándalo de la cruz», con el que tropiezan sus detractores. Y compara la circuncisión con el rito de castración que practicaban en Galacia los sacerdotes de la diosa frigia Cibeles (cf. Gal 5,7-12).
Luego comienza la exhortación a la libertad responsable (5,13-6,10). Primero invita a distinguir la libertad del egoísmo. La libertad se realiza en el amor, y este en el servicio. Por eso, opone el Espíritu (Santo) a la «carne» (la realidad humana lábil y mortal). No opone el espíritu del hombre contra la carne del hombre, porque eso es impensable en la cultura hebrea de Pablo. El Espíritu desarrolla y expande al ser humano, la «carne» lo encierra y lo agota (cf. Gal 5,13-17).
Gal 5,18-25.
Ahora procede a diferenciar «las obras» (τά ἔργα) o acciones de la «carne» y «el fruto» (ὁ καρπός) del Espíritu. Se advierte una cierta intención de distinguir esas dos realidades: «las obras» parecen ser manifestaciones más exteriores, «el fruto», en cambio, sugiere su origen desde el interior. Se diría, generalizando, que las primeras se refieren a lo que la persona hace, en tanto que las otras se refieren a lo que la persona es. Las expresiones «según la carne» y «según el Espíritu» designan dos orientaciones divergentes de toda la persona, no son dos partes supuestamente componentes de la misma.
1. Las obras de la carne.
Como acciones («las obras») propias del egoísmo (o de «la carne», o de «los bajos instintos»), él enumera 15, diversas y dispersas. Sin embargo, se puede intentar agruparlas así:
• Las que degradan la capacidad de amar, y, por tanto, la libertad: lujuria (πορνεία), inmoralidad (ἀκαρθασία). La primera se refiere a la inmoralidad sexual en general, o, en particular, al adulterio o a la prostitución. La segunda, a la depravación moral en general.
• Las que pervierten la relación con Dios, fuente del Espíritu de libertad: libertinaje (ἀσέλγεια), idolatría (εἰδωλολατρία), magia (φαρμακεία). La primera es la indecencia descarada; la segunda, el culto a dioses paganos; y la tercera se refiere a las prácticas de brujería.
• Las que deterioran la convivencia humana: enemistades (ἔχθραι), discordia (ἔρις), rivalidad (ζῆλος), arrebatos de ira (θυμοί), egoísmos (ἐριθεῖαι), partidismos (διχοστασίαι), sectarismos (αἱρέσεις), envidias (φθόνοι). La primera es la hostilidad interior y manifiesta; la segunda, la lucha o contienda entre personas; la tercera, enfrentamientos de hecho; la cuarta, impulso violento de ira; la quinta, ambición egoísta; la sexta, disensión, división de la comunidad; la séptima, secesión grupal; la octava, pesadumbre por el bien ajeno.
• Las que degradan al hombre mismo: borracheras (μέθαι), orgías (κῶμοι). La primera implica la intoxicación y la inconsciencia; la segunda, las fiestas paganas en honor del dios vino.
Todas vician la relación del hombre con Dios porque vician las relaciones humanas.
2. El fruto del Espíritu.
En cambio, lo que procede del Espíritu tiene unidad y conduce a ella. Enumera 9, pero «el fruto» es el primero, y de él se derivan los ocho que siguen:
• El amor (ἀγάπη), en cuanto don demostrado y capacidad de amar otorgada por el Espíritu.
• Alegría (χαρά), paz (εἰρήνη): consecuencias del amor en la vida personal.
• Tolerancia (μακροθυμία), agrado (χρεστότης), generosidad (ἀγαθωσύνη): expresiones del amor en las relaciones humanas.
• Lealtad (πίστις), sencillez (πραΰτης), dominio de sí (ἐγκράτεια): calidades de la persona que ama.
Todos contribuyen a crear relaciones humanas gratas, abiertas y constructivas, que no pueden ser impuestas ni impedidas por ley alguna. Así es como se entiende la cruz del Mesías desde la libertad: como el hecho de dar muerte a los impulsos dañinos, que impiden la libertad y la convivencia humana (tener presente que la cruz era la pena capital para los esclavos rebeldes y para los antisociales).
Una mala lectura de este texto de Pablo puede haber inducido a una espiritualidad errada, según la cual el ser humano tiene una parte noble, su «espíritu» (o alma) y una parte ruin, su «carne» (a menudo identificada con su dimensión sexual). Según esa lectura, había que proteger el espíritu de las tentaciones de la carne, y vivir en una permanente batalla contra sí mismo, en una agonía imposible. Lo que Pablo enseña es que el ser humano guiado por el Espíritu es libre y feliz, y se realiza espontáneamente, porque para eso fue creado por Dios. Pero que, guiado por sus solos instintos, se desintegra y dispersa, y frustra su vida, y su convivencia con los demás se torna inviable.
El don del Espíritu nos hace libres para amar, y de ese modo nos abre el camino de nuestra realización personal y comunitaria. En la celebración de la eucaristía, nos reunimos como hijos del amor y hermanos en el Cuerpo del Mesías. Para participar de la mesa del Señor debemos verificar que hemos crucificado nuestros egoísmos, porque nos hacen esclavos y nos impiden convivir felizmente con los demás.
Feliz miércoles.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page

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