La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-jueves

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Foto tomada de Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Jueves después de Ceniza

Feria. Jueves, color litúrgico: morado. Puede conmemorarse a la santas Felicidad y Perpetua, mártires.

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,22-25):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor


Jueves después de ceniza.
 
Cuando Jesús advierte: «el que no está conmigo, está contra mí; y el que no reúne conmigo, dispersa», lo hace en un contexto bien preciso. Aclara que no es posible neutralidad alguna cuando se trata de la liberación del ser humano. Él encarna en sí la acción liberadora de Dios, en tanto que la institución político-religiosa que se le enfrenta encarna la actividad represora del «fuerte» (Satanás). Así que solo caben dos opciones: o con él, a favor de la libertad humana, o contra él, a favor de la opresión del hombre. De eso realmente se trata.
 
Una vez planteada la exigencia de sinceridad, escucha y conversión que reclama este tiempo de cuaresma, sale a relucir la disyuntiva fundamental. El hombre es libre para decidir su destino, pero su libertad puede verse limitada por la mentira y por la violencia del sistema sociocultural que lo envuelve. Toca revisar criterios.
 
1. Primera lectura (Dt 30,15-20).
Dos pares de opuestos sirven para expresar que Dios reconoce al ser humano libertad para que decida su propio futuro. Y un tercer par desempeña un papel notarial. La vida y el bien se oponen a la muerte y el mal; y la tierra y el cielo sirven de testigos.
1.1. La vida y el bien.
Obedeciendo los mandatos del «Señor tu Dios» (el que los sacó de Egipto), los que se resumen en amar al Señor liberador y salvador, seguir sus caminos (de éxodo) y guardar sus preceptos (el mandamiento aceptado: cf. 30,14), el pueblo obtendrá la vida, el crecimiento y la bendición para sí y para la tierra que habrá de poseer como espacio de libertad.
1.2. La muerte y el mal.
Si su corazón se aparta del Señor y no le obedece, sino que les rinde homenaje a los ídolos (que servían de pretexto a los paganos para justificar la opresión), el futuro es sombrío: muerte sin remedio. El cumplimiento de la promesa de Dios (pasar el Jordán y entrar en la tierra prometida) no impedirá que ese mal los alcance.
1.3. Los testigos.
El cielo y la tierra, es decir, el universo, la creación entera, son testigos de que el Señor ha dado al hombre esa libertad y ha dejado su futuro en sus propias manos. La exhortación a elegir la vida ateniéndose a lo antes dicho, y la mención de los tres primeros patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, deja ver que ese testimonio del cielo y la tierra se verifica en la historia.
 
2. Evangelio (Lc 9,22-25).
Jesús anuncia su muerte como consecuencia de su praxis liberadora. Contrario a lo previsible, va a ser rechazado y condenado por «los buenos», es decir, los representantes del pueblo y de Dios (senadores, sumos sacerdotes, letrados), porque ellos apartaron su corazón del Señor. Pero Dios lo reivindicará anulando la sentencia de muerte. Así quedará claro quién estaba de parte del Dios liberador y salvador, y quién en contra suya.
 
Ahora se dirige «a todos». Siempre lo hace, aunque hable directamente a un grupo, ya que él no tiene enseñanzas ocultas. Pero, cuando se precisa que habla «a todos», se pone mayor énfasis en la validez universal de sus palabras. Jesús hace una invitación y da sus razones para justificarla. La invitación contiene tres elementos, y la justifica con tres argumentos de orden racional, no con argumentos de autoridad (el leccionario omite el tercero).
 
2.1. La libertad.
Jesús se dirige a hombres libres, a los que pueden decidir porque están en capacidad de hacerlo: «si alguien quiere…». La actitud que se adopte en relación con él y con su propuesta no es forzada: ni por engaño, ni por miedo, ni por halago, es interior y exteriormente libre.
2.2. La opción.
Negarse a sí mismo consiste en enfrentarse a los propios miedos, al egoísmo y a la intimidación para asumir los valores de Jesús. El inconsciente que no razona, el que les teme a los poderosos, o el que prospera a su sombra, no es libre para optar, no es dueño de sí mismo.
2.3. Las consecuencias.
Adherirse a Jesús es asumir como propio su destino: por un lado, comprometido con el Dios liberador; por el otro, rechazado por los causantes del sufrimiento y de la opresión. Y esto debe ser fuente de felicidad, porque así la persona siente que se realiza.
Exigencias tan radicales pudieran parecer irracionales, arbitrarias o idealistas, nada ceñidas a la realidad concreta de los seres humanos en este mundo, en donde la supervivencia es tan difícil. Por eso él da tres razones:
 
a) Intentar poner a salvo la vida lejos de él es como confiarle al ladrón el más preciado tesoro. Solo Jesús puede garantizar la vida de modo definitivo, lo demás resulta ilusorio.
b) Las riquezas, el poder y la gloria humana se alcanzan al costo de la propia vida. Pero no hay riqueza, ni poder ni prestigio que restituyan la vida perdida. Él, en cambio, sí la restituye.
c) Quien se desvincule de él por vergüenza ante los poderosos, se avergonzará de sí mismo al ver a Jesús reivindicado por el Padre. Ningún fracaso mayor que ese (v. 26, omitido).
Porque Jesús no da abrumadores argumentos de autoridad, sino de razón, deja en libertad al ser humano para seguirlo, para decidir su propio futuro y alcanzar así la verdadera vida.
 
La decisión más importante que debemos tomar es qué hacer con nuestra propia vida. Y, aunque la tomemos de una vez para siempre, necesitamos verificarla cada cierto tiempo para confirmarla o para rectificarla, porque está en juego nuestro más preciado valor. Ese es el objetivo de este tiempo de cuaresma: verificar que –luego de haber optado por seguir a Jesús– seguimos en su camino. Y, como es posible que nos engañemos a nosotros mismos o nos dejemos engañar, nos sometemos con sinceridad a una rigurosa verificación, escuchando su mensaje y mirándonos en él, como en un espejo, para comprobar si, como él, nos parecemos al Padre.
 
Los sacramentos nos sirven para abandonar los atajos o para recuperar el camino perdido. Las prácticas de piedad, particularmente la via crucis, deben estimularnos al seguimiento libre y alegre del Señor. Y la frecuente celebración de la eucaristía nos dará fuerza para afianzar los pasos que vayamos dando en el camino de la vida.
Feliz jueves.

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