La Palabra del día y a reflexión del padre Adalberto-viernes

286

4 de octubre
San Francisco de Asís
Memoria obligatoria

Color blanco

Titular de la catedral de Sincelejo y de la parroquia de Ovejas
Patrono de Sincelejo y Ovejas

La Palabra del día

PRIMERA LECTURA
Francisco, como sol refulgente sobre el templo real
Lectura del libro del Eclesiástico 50,1-3. 7.
Este es aquel que en su tiempo se reparó el templo,
en sus días se afianzó el santuario.
En su tiempo cavaron la cisterna
y un pozo de agua abundante.
Protegió a su pueblo del saqueo
y fortificó a la ciudad para el asedio.
Qué majestuoso cuando salía de la tienda
asomando detrás de las cortinas;
como estrella luciente entre nubes,
como luna llena en día de fiesta,
como sol refulgente sobre el templo real,
así brilló él en el templo de Dios.
Salmo responsorial Cfr. Sal. 15,1-2a. 5. 7-8. 11.
V/. El Señor es el lote de mi heredad.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.
Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Me enseñarás el sendero de la vida;
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
SEGUNDA LECTURA
En la cruz el mundo está crucificado para mí
y yo para el mundo
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18.
Hermanos: Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión,
sino criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios
vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma;
también sobre Israel.
En adelante, que nadie me venga con molestias,
porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo
está con vuestro espíritu, hermanos.
Amén.
SECUENCIA
Ya estás, Francisco, clavado
sobre la cruz redentora.
Triunfas del mundo y la carne
y es de Cristo tu victoria.
El ideal de tu vida
un mundo nuevo jalona,
y el árbol del evangelio
florece con nuevas rosas.
Una cuerda a tu cintura
ciñe tu pureza. Y brotan
las flores por donde pisas
con tus plantas milagrosas.
La pobreza fue tu dama,
la que era de Cristo esposa.
Viuda del primer marido,
de nuevo tú la desposas.
Y en arras cinco rubíes
tu cuerpo llagado adornan.
Cinco ventanas abiertas
por las que el alma se asoma.
La cruz fue el árbol de vida
que te cobijó a su sombra.
Bajo sus ramas abiertas
tus hijos trabajan y oran.
Padre bueno, Padre santo,
de esta familia que implora
tu espíritu, que da vida,
tus virtudes, que dan gloria.
A los que llevan tu nombre
dales proseguir tu obra.
La semilla aquí sembrada
dará en el cielo sus rosas.
Aleluya
Aleluya, aleluya.
Francisco, pobre y humilde,
entra rico en el cielo
y es honrado con himnos celestes.
Aleluya.
EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios
y las has revelado a la gente sencilla
\ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30.
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
-Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y
nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo
y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.
Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón,
y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga
ligera.


La reflexión del padre Adalberto
4 de octubre.
Solemnidad de san Francisco de Asís.
 
Nació el 5 de julio 1182 en Asís, Italia, en el hogar de un rico comerciante (Pietro Bernardone), casado con una francesa (Jeanne Pica), de ahí que a su nombre de pila, Giovanni, se le añadió Francesco («pequeño francés»), que es el origen del nombre Francisco. Cuando adolescente, llevó una vida mundana. Participó en la guerra entre Asís y Perugia (1202), y estuvo encarcelado un año, pero después recibió una llamada a la conversión que lo llevó a servirles a los leprosos y a construir capillas (1205), después de la visión en san Damián, donde el crucifijo le habló pidiéndole que restaurara la Iglesia, que amenazaba ruina. Su padre, airado por los gastos de sus obras de beneficencia, lo desheredó. Francisco renunció a sus derechos de herencia, y en 1208 se dedicó a la vida espiritual hasta provocar un movimiento renovador al cual se unieron otros. En 1223 ideó la representación del pesebre de Belén para celebrar la natividad del Señor. Falleció el 3 de octubre de 1226.
El comentario está hecho para celebrar la solemnidad, y se puede adecuar a la celebración de la fiesta y hasta de la memoria, según el calendario local.
 
1. Primera lectura (Si 50,1-3.7).
La figura de Simón II, hijo de Onías II, sirve para exaltar la memoria de Francisco como reparador del templo, en relación con la visión de san Damián. Reparación del templo, restauración del santuario, son reconocimientos no solo a su trabajo como restaurador, sino a su piedad y religiosidad. Por eso se pondera su figura «como sol refulgente en el palacio real».
En el caso de Francisco, que trasciende las obras materiales para referirse a la restauración de la fe, la figura de Simón y la lectura que a él se refiere, se aplican de manera acomodaticia a Francisco.
 
2. Segunda lectura (Ga 6,14-18).
El apóstol, después de haber experimentado el amor del Señor, Jesús Mesías, se gloría en la expresión máxima del mismo, que es la muerte voluntaria de Jesús en la cruz. Los falsos valores del mundo han perdido vigencia para él (están muertos) gracias a la experiencia de ese amor tan grande; del mismo modo y por la misma razón, él ya no existe para la sociedad inicua (está muerto para el mundo).
Los ritos religiosos judíos pierden sentido ante esta nueva realidad; lo que importa es la nueva humanidad (nueva creación), renovada por el Espíritu. Por eso les desea la paz a los israelitas que han aceptado a Jesús, el Mesías crucificado, así como a «todos los que siguen esta norma» (el amor del Mesías), es decir, a los paganos que han dado su adhesión al Señor.
En vez de la circuncisión, como signo de su pertenencia al pueblo del Mesías, Pablo exhibe las cicatrices que le han dejado los azotes y persecuciones por la causa del Mesías al servicio de las iglesias. Ellas son las comunidades de «hermanos» a las que se destina «el favor de nuestro Señor, Jesús Mesías».
 
3. Evangelio (Mt 11,25-30).
Jesús es pobre por decisión propia, no tiene meta terrena alguna (cf. Mt 8,20). Esa opción le permite cuestionar los cimientos de la sociedad basada en la riqueza como su máximo valor e invitar a los suyos a hacer lo mismo (cf. Mt 5,3). Pero la clase dirigente del pueblo («los sabios y entendidos») lo rechaza, mientras que los pobres («la gente sencilla») sintoniza con él. 
Jesús bendice (da gracias) al Padre porque «estas cosas» están al alcance de la gente sencilla, mientras que «los sabios y los entendidos» (los que no se comprometen: cf. Is 29,14) se quedan en meras palabras. Efectivamente, eso es lo mejor, porque el misterio de Dios no es teórico sino vital, y solo quien vive la buena noticia puede conocer a Dios, no los ideólogos que saben y hablan, pero no practican.
La revelación que Jesús ha recibido del Padre, que es total, se debe justamente a que su compromiso con la obra del Padre es total. Por eso todo conocimiento de Dios por fuera de Jesús o es incompleto o es falso: solo en él está la verdad de Dios en su máxima expresión, el amor universal hasta la entrega de sí mismo.
Por eso él, el pobre, invita a los que están agobiados por la carga insoportable de la religión del deber, para darles respiro. Basta con aprender de él, que, además de ser pobre, es «manso y humilde de corazón». Manso de corazón se opone a «sometido», es el hombre que renuncia a la violencia por amor y convicción, así como ha renunciado a la codicia de riqueza. Humilde de corazón se opone a «excluido», es el hombre que considera a todos amigos, iguales, y por eso renuncia a toda pretensión de rango por encima de sus semejantes. Esta propuesta de Jesús es llevadera y no pesa, por el contrario, hace amable la vida y la convivencia.
 
Francisco aceptó la invitación de Jesús y la vivió de manera radical. Fue llamado «el pobrecillo de Asís», porque su opción por la pobreza implicaba la renuncia a todo poder y a todo prestigio. La restauración de la Iglesia no consistió para él en mera reparación de un edificio en ruinas, sino que se convirtió en la instauración del reino de Dios por medio de comunidades de hermanos (iguales) viviendo de una manera sobria (pobres) y sin pretensiones de dominio sobre otros (mansos).
Eso es comulgar con Jesús, apropiarse de su ideal de vida para transmitir con la propia vida la revelación del Padre.
Feliz solemnidad.

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