Recursos de fe para este miércoles 8 de agosto

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Foto de Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra diaria

Miércoles de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Santo Domingo de Guzmán, memoria obligatoria

Color blanco

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (31,1-7):

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongue mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: «El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.»»

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10-13

R/. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, 
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, 
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra
8 de agosto.
Miércoles de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El capítulo 31 se aprecia en su conjunto como un oráculo universal: tan pronto le habla a Israel, como a Judá, como a los pueblos e islas remotas. Todo él se halla repleto de referencias a una liturgia de carácter penitencial. Presenta un nuevo éxodo y una especie de peregrinación a Sion, que dará comienzo a una era de alegría y bienestar.
Aquí el mensaje de la esperanza llega al culmen. Al privilegiar como destinatario a «Israel», revive el reino del Norte y se extiende al del Sur.
Jr 31,1-7.
Se remite al tiempo de la renovación de la alianza. «Dios de todas las tribus de Israel» se opone al exclusivismo entre los israelitas. Esto se confirma con el anuncio siguiente («…y ellas serán mi pueblo»), que hace de todas las familias un solo pueblo. Y entonces anuncia un nuevo éxodo:
• Es marcha liberadora («escapado de la espada») y procesión de salvación («alcanzó mi favor en el desierto»), que conduce de nuevo al reposo de la tierra prometida («camina a su descanso»).
• Es experiencia del amor eterno y leal del Señor, que se le manifestó desde la tierra santa («se le apareció desde lejos»), y que se prolonga en el tiempo («con amor eterno te amé…»).
• Es como un renacimiento a perpetuidad («te reconstruiré y quedarás reconstruida») que hace retornar la alegría y la fiesta con todas las galas («de nuevo saldrás enjoyada»). ¡No más luto!
• Es el gozo de la bendición renovada, que se manifiesta en el retorno a la tierra cultivable para disfrutar de sus frutos («los que plantan las cosecharán».
• Es nuevo amanecer que clarea, anunciado por los profetas («¡Es de día!, gritarán los centinelas»), es invitación a visitar al Señor para darle gracias y alabarlo por sus obras, todos juntos en Sion.
• Es pregón universal por «Jacob», el padre de todas las tribus, por «el primero de los pueblos», Israel, y proclama de salvación, voz de júbilo ante todos los pueblos: («¡El Señor salva!»).
El «amor eterno» que el Señor le declara a su pueblo, que es la razón por la cual él «prolonga» su lealtad, es también el fundamento de la esperanza anunciada por el profeta. Ese amor permanece a pesar de las infidelidades del pueblo. Dicha esperanza se cifra en su futura restauración, en su posibilidad de volver a celebrar en la presencia del Señor (liberador y salvador), y en la bendición que espera para los tiempos de la restauración: tierra (libertad) y fecundidad (vida).
En medio de la desgracia, el profeta no teme levantar la voz para anunciarle la esperanza a los desgraciados. Y esto, a pesar de su propia convicción según la cual los «oráculos de gracia» no eran coherentes con la situación de pecado del pueblo. Pero aquí la diferencia estriba en que el favor que él anuncia se cimenta en el amor leal del Señor, que perdura en el tiempo, y no en los méritos de la población, que no existen.
Ese Dios que amó gratuitamente desde el primer encuentro, lo sigue haciendo, porque su amor es inagotable. Esa es la gran esperanza de futuro que abriga el pueblo en cualquier circunstancia. Para Jeremías, que por experiencia conoce el amor fiel del Señor, este oráculo es una confesión de su certeza interior.
El verdadero profeta anuncia lo que vive y vive lo que anuncia. «No es simple cuestión de gracia o desgracia. No se trata de que Dios premie o castigue. Una profecía de desgracia es de buena calidad en la medida en que denuncia que la opción contra la vida conduce a la autodestrucción; de modo equivalente, una profecía de gracia es inauténtica cuando la prosperidad que anuncia para unos es excluyente y se fundamenta en el infortunio de otros».
El que está en comunión con Jesús es, ante todo, profeta de gracia, aunque se extrañen muchos por el discurso de gracia que brota de sus labios, como sucedió con Jesús (cf. Lc 4,22). Es mucho más cristiano el que da testimonio del amor de Dios que el que habla de la «ira» del Señor.
Feliz miércoles.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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