Recursos de fe para este miércoles 18 de julio

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Foto: Pïxabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Miércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año II

surtigas 2

Color verde

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (10,5-7.13-16):

Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 93

R/. El Señor no rechaza a su pueblo

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos. R/.

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis? R/.

El que plantó el oído ¿no va a oír?;
el que formó el ojo ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre ¿no va a saber? R/.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-27):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Miércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Es importante recordar lo que la Biblia llama «ira (אַף, όργή) de Dios»:
• La reprobación insobornable de una conducta por parte de Dios.
• Las consecuencias de dicha conducta para quien(es) la observa(n).
El aspecto emocional se expresa con el término «furor» (עֶבְרָה, θυμός), actitud que exterioriza la indignación ética por la injusticia.
Is 10,5-7.13-16.
El largo oráculo se sintetiza en las tres partes que propone el leccionario:
1. Asiria vista por el Señor (vv. 5-6).
El imperio triunfante debe su victoria al debilitamiento del pueblo a causa de su injusticia. El profeta presenta ese imperio como la vara con la cual el Señor castiga al hijo que no hizo caso, o como el bastón del rey que sanciona al súbdito infractor. La ira del Señor se entiende como su reacción ante la impiedad nacional, ante los delitos del pueblo. Y el despojo del que es objeto, junto con el desprecio con el que es tratado, son consecuencias de la negativa a escuchar a los profetas (que, en este caso, fueron Amós y Oseas). El «santo» no podía respaldar la maldad.
2. Asiria a sus propios ojos (vv. 6.13-14).
Pero el imperio no lo percibe así. El rey y su ejército solo pensaban en aniquilar y exterminar naciones (cf. vv.7-12, omitido).
Asiria se imaginaba que todo se debía a su poderío militar y a su brillante talento para la guerra. Se vanagloriaba de sus nuevas y ensanchadas fronteras, de sus riquezas obtenidas por saqueo, de todo lo que había logrado:
• derrotar a los jefes de otros pueblos,
• apropiarse de sus bienes,
• no encontrar rival digno de sí.
3. Asiria juzgada por el Señor (vv. 15-16).
Unas preguntas retóricas dejan clara la condición instrumental del imperio. Ni el hacha que tala el árbol, ni la sierra que hace útil la madera se yerguen contra el que las maneja. El bastón y la vara (los instrumentos de la ira) son manejados, no manejan al que los usa. El imperio no solo ha sometido los pueblos, sino que los ha deportado, con lo cual se yergue contra el designio divino, que estableció a cada pueblo en su territorio (c. Dt 32,8; Sl 74,17). El v. 12 halla aquí su puesto propio: cuando se haya cumplido el propósito del Señor, él le pedirá cuentas al imperio opresor. Y entonces los corpulentos asirios serán débiles, y por debajo de su aparente esplendor un incendio como fuego abrasador los consumirá.
La «espiral de la violencia» tiene su lógica maldita. La violencia suscita violencia. Es la violencia activa y reactiva. Israel se alió con Siria contra Judá y Asiria. Y fue víctima de sus maquinaciones. También a Asiria le llegará su hora, y así, hasta el momento en que los pueblos detengan la espiral de la violencia. Son ellos los que deben construir la paz.
Jesús enseña a no responder del mismo modo al violento, a perdonar y mostrar un camino de reconciliación que señale un nuevo modo de resolver conflictos y de detener la espiral de la violencia. Si queremos ser alternativa, no podemos ser más de lo mismo.
Los que celebramos la eucaristía y en la misma nos damos el saludo de la paz le debemos a la humanidad un testimonio de paz y reconciliación que muestre que sí hay solución humana y justa para los conflictos que nos enfrentan, de manera que no nos convirtamos en azote unos para otros. Si nos azotamos los unos a los otros, tendremos la reprobación de Dios; si nos amamos, su aprobación.
Feliz miércoles.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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