Recursos de fe para este martes 19 de junio

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Foto: Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Martes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año II.

Color verde

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (21,17-29):

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la vifía de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: «Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»
Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»
Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: «Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.» A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»
Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Sefior reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.
El Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.11.16

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor


Reflexión del día

19 de junio.
Martes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
La reacción del Señor ante la muerte de Nabot no se hace esperar. El rey Ajab y su mujer han provocado la «cólera» del Señor, es decir, su enérgica reprobación de la felonía que acaban de cometer. Por «cólera del Señor» se entienden dos realidades: su inflexible censura de la injusticia, y las consecuencias que provoca esa injusticia. Esto último se expresa generalmente en términos de «castigo»; es decir, las secuelas de la injusticia se interpretan como castigo de Dios, debido al escaso desarrollo que tiene todavía el concepto de responsabilidad humana.
La mayor parte de los estudiosos está de acuerdo en que los vv. 23-24.25-26 son verosímilmente adiciones posteriores al relato.
1Ry 21,17-29.
El Señor tomó la iniciativa y envió a Elías a denunciarle su crimen a Ajab, asesino y ladrón, y a anunciarle su «castigo», es decir los efectos de sus actos. El rey reaccionó llamando «enemigo mío» a Elías, pero no se atrevió a negar su delito. El profeta le reprochó haberse «vendido», y le anunció su «castigo»:
• se quedará sin descendencia, habrá una gran mortandad masculina, tanto de libres como de esclavos (cf. 2Ry 10).
• Jezabel y los demás partidarios de Ajab sufrirán el mismo castigo (cf. 2Ry 9,30-37).
Los vv. 25-26 ponderan la culpabilidad del rey y de la reina comparándolos con los amorreos (los «cananeos»).
Ajab dio muestras de arrepentimiento al rasgar sus vestiduras, vestirse de sayal y hacer ayuno. Este arrepentimiento del rey lo libró personalmente, pero tanto su mujer como su descendencia prolongaron las mismas acciones, sin arrepentirse, y por eso el «castigo» los alcanzará.
Notan los estudiosos un paralelo entre el rey Ajab y el rey David:
• El Señor actuó por medio del profeta,
• El Señor intervino a favor del débil en contra del poderoso,
• El Señor suspendió el castigo en razón del arrepentimiento del rey.
Y también señalan diferencias notables:
• A la dinastía de David se le mantuvo la promesa; la dinastía de Ajab fue borrada,
• Natán siguió siendo profeta de David; Elías, según Ajab, fue «enemigo» suyo.
• Natán bendijo a Salomón y lo protegió; Elías anunció la muerte de los hijos de Ajab.
El Señor es siempre inflexible ante la injusticia, pero flexible ante el arrepentimiento. La idolatría se adueña del corazón humano y lo induce a cometer homicidios, robos y humillación en contra de sus semejantes. El Señor reprueba esos crímenes, pero, si el hombre se arrepiente y corrige, él no le niega su perdón.
Siempre tendremos una oportunidad de cambio y enmienda delante del Señor. No hay razón para desesperar a causa de la gravedad de nuestros pecados; ni tampoco para desesperar a causa de los pecados de los otros.
El Señor mantiene abiertos sus brazos y permanece dispuesto a acogernos. Esa es la experiencia que, como pecadores, tenemos del amor del Señor. Lo que él no tolera es la farsa de aparentar el bien obrando el mal, ni el descaro de llamar bueno a lo que es malo, o viceversa.
Y eso lo tenemos presente en la celebración de la eucaristía. Antes de recibirla, reconocemos que no podemos alegar méritos para ello, que nos acercamos a comer del pan de vida en calidad de pecadores arrepentidos y perdonados. No nos sentimos mejores que los que no comulgan, sino agraciados por un amor que nos fue revelado, que aceptamos, que nos liberó de nuestro pecado y que nos está salvando. Por eso nos resulta tan fácil perdonar.
Feliz martes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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