Recursos de fe para este lunes 3 de septiembre

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Lunes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año II

San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia. Memoria obligatoria, color blanco

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,1-5):

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,97.98.99.100.101.102

R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

¡Cuánto amo tu voluntad!:
todo el día estoy meditando. R/.

Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña. R/.

Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos. R/.

Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. R/.

Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra. R/.

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,16-30):

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»
Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Lunes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año II.

El «mensaje de la cruz» no es una conmovedora teología destinada a provocar reacciones de tipo emocional con sentimientos de culpa frente al dolor de Jesús en la cruz. Tampoco pretende ser un descrédito de la razón humana, como si esta fuera menospreciable a los ojos de Dios. Mucho menos se trata de confundir la razón humana para que esta claudique en su empeño de dialogar con Dios. Pero sí es cierto que este mensaje subvierte los valores socialmente admitidos, desafía la inteligencia para que se abra a nuevas comprensiones, y, sobre todo, cuestiona el ejercicio del poder que se arroga la facultad de suprimir la vida de quien se atreve a negar sus fundamentos.
Si faltan el espíritu crítico y la capacidad de abrirse a lo que favorezca la vida humana, no habrá aceptación del «mensaje de la cruz», que es la persona del Mesías entregado por la vida de todos.

1Co 2,1-5.
Después de exhortar a los corintios a comprender lo inútiles y perjudiciales que son las divisiones que se dan entre ellos, y que corresponden a su cultura anterior a la fe en el Señor, Pablo trató de hacerles ver que los criterios mundanos («la sabiduría del mundo») no dan vida, en tanto que «la locura del kerigma» (τῆς μωρίας τοῦ κηρύγματος) sí «salva» (da vida). La misma comunidad es prueba de ello: el amor de Dios eligió a los excluidos por esa sociedad y los convirtió en una señal que deja sin piso los criterios de los adictos al poder y al saber que respalda ese poder.
Ahora se presenta a sí mismo en la misma clave. Los corintios son testigos de que él llegó a ellos despojado de todo prestigio de elocuencia o habilidad retórica, y, sin embargo, iba a anunciarles «el secreto de Dios». Hay que comprender lo que este «secreto» (μυστήριον) significa para Pablo. Se trata del designio de salvación universal, que permaneció «oculto» a «los hombres» porque la universalidad del amor divino era inadmisible para la «sabiduría» de los pueblos, Israel incluido. Este designio fue revelado en la persona de Jesús, y los corintios, de origen pagano, son testigos de que se está realizando en medio de ellos: por medio de «la locura del kerigma» Dios les está demostrando su amor (cf. Rm 16,25; Ef 3,3-11; Col 1,26.27; 2,2). Ese secreto era su único saber.
Entre los corintios, Pablo no hizo recurso alguno a los artificios de la retórica, tan comunes en esa época, ni a la elocuencia propia de los «sabios» de este mundo (los filósofos), como lo intentó inútilmente en Atenas (cf. Hch 17,16-34). Despojado de todas las técnicas de comunicación oral en boga, se centró en anunciar a Jesús como Mesías crucificado. Prácticamente, se expuso a las burlas y al menosprecio; no se apoyó las tácticas humanas, sino que se abandonó confiadamente a la gracia de Dios, y se hizo instrumento del Espíritu Santo. Su discurso y su kerigma (ὁ λόγος μου και τὸ κήρυγμά μου) no se valieron de las técnicas persuasivas en uso; fueron demostración clara del Espíritu en él, como anunciador, y en ellos, como oyentes del mensaje. De esa manera, ellos mismos son testigos de que su adhesión a Jesús no se funda en la persuasión humana, sino en la fuerza de amor y de vida que procede de Dios por medio del Espíritu y que los corintios experimentaron cuando creyeron en el amor manifestado en el Mesías crucificado.

Los sorprendentes y asombrosos recursos que los diferentes medios de comunicación –masivos o interpersonales– ponen a nuestra disposición, así como las técnicas humanas de persuasión, de sugestión de masas o del hábil manejo de las imágenes, pueden ser útiles como apoyos, pero no sustituyen ni el conocimiento personal (por experiencia) del «misterio de Dios», ni la efusión de la gracia de Dios. Las técnicas de comunicación no reemplazan la fuerza de vida y de amor que proviene del Espíritu Santo. Y este actúa por la palabra trémula pero convencida del testigo.
La comunión de amor y de vida que se da en la eucaristía hace verdaderos testigos y fragua fieles predicadores que no serán sustituidos por avezados declamadores u oradores carentes de fe.
Feliz lunes.

Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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