Recursos de fe para este lunes 13 de agosto

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Lunes de la XIX semana del Tiempo Ordinario. Año II

Santos Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, mártires 

Feria o memoria libre. Color verde o rojo

Primera lectura

Lectura de la profecia de Ezequíel (1,2-5.24–2,1a):

El año quinto de la deportación del rey Joaquín, el día cinco del mes cuarto, vino la palabra del Señor a Ezequíel, hijo de Buzi, sacerdote, en tierra de los caldeos, a orillas del río Quebar.
Entonces se apoyó sobre mí la mano del Señor, y vi que venia del norte un viento huracanado, una gran nube y un zigzagueo de relámpagos. Nube nimbada de resplandor, y, entre el relampagueo, como el brillo del electro. En medio de éstos aparecia la figura de cuatro seres vivientes; tenían forma humana. Y oí el rumor de sus alas, como estruendo de aguas caudalosas, como la voz del Todopoderoso, cuando caminaban; griterío de multitudes, como estruendo de tropas; cuando se detenían, abatían las alas. También se oyó un estruendo sobre la plataforma que estaba encima de sus cabezas; cuando se detenían, abatían las alas. Y por encima de la plataforma, que estaba sobre sus cabezas, había una especie de zafiro en forma de trono; sobre esta especie de trono sobresalía una figura que parecia un hombre. Y vi un brillo como de electro (algo así como fuego lo enmarcaba) de lo que parecía su cintura para arriba, y de lo que parecía su cintura para abajo vi algo así como fuego. Estaba nimbado de resplandor. El resplandor que lo nimbaba era como el arco que aparece en las nubes cuando llueve. Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Al contemplarla, caí rostro en tierra.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 148,1-2.11-12.13.14

R/. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R/.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Palabra del Señor


Reflexión del día
Lunes de la XIX semana del Tiempo Ordinario. Año II.
No se conoce la fecha de nacimiento de Ezequiel (יְחֶזְקֵאל: «Dios es mi fortaleza»). Se considera probable que vivió en tiempos de Josías, tuvo conocimiento de la caída de Nínive y del ascenso del nuevo Imperio Babilónico. Por ser de familia sacerdotal, debió de recibir su formación en el templo y oficiar allí hasta la deportación. Su ministerio tiene dos momentos: el primero, durante los siete años antes de la caída de Jerusalén; el segundo, después de la muerte de su esposa y sin rito alguno de duelo, los oráculos contra las naciones y el renacer de la esperanza.
En el año 593 fue llamado por el Señor, 4 años después de haber sido llevado como deportado a Babilonia. Los judíos desterrados se sienten apartados de la presencia del Señor, expulsados no solo de su tierra, sino de su amor compasivo.
Ez 1,2-5.24-28c.
Los cielos «se abrieron» (Ez 1,2) y así se hizo posible que el hombre se comunicara con Dios «en tierra de los caldeos» fuera de la tierra santa. El profeta, por obra («la mano») del Señor, «vio» lo que a otros les resulta imposible: la proximidad del Señor desde su trono del cielo por encima de las deidades caldeas. Los Kâribu asirios –correspondientes a los Kerubim (כְּרֻבִים) hebreos– eran representados como seres de cabeza humana, cuerpo de león, patas de toro y alas de águila. «El Señor se sienta sobre querubines» (Sl 99,1), es decir: está por encima de las divinidades de los opresores caldeos. Desde su trono del cielo, él está cerca de su pueblo, sin importar lo que digan los que residen en Jerusalén (cf. Ez 11,15) porque reina desde su trono del cielo. Esto es lo que de entrada sugiere su «visión de Dios».
La vocación del profeta se expresa en los términos convencionales («vino la palabra del Señor a Ezequiel…»), y con los signos usuales («el Señor apoyó en mi su mano»: cf. Is 8,11; Jr 15,17) que expresan su separación del resto del pueblo. La «visión» se sitúa al Norte del Norte (es decir, en el cielo: cf. Job 37,22); la imagen de la tormenta («viento huracanado, una gran nube y zigzagueo de relámpagos») relaciona la teofanía con la del Sinaí (cf. Ex 19,16; 24,16-17) y la evoca.
Los cuatro seres son como los caballos que tiran el carro del Señor. Esta imagen muestra que el Señor no está limitado a la tierra de Israel, que no se ha olvidado de su pueblo, y que los dioses de otros pueblos no son obstáculos para él. Esto obliga a buscarle otra explicación al hecho de que los caldeos vencieran a los judíos: no fue porque sus dioses sean más fuertes que el Señor.
Por encima de la plataforma del carro se aprecia un «trono» (sede del rey) de un deslumbrante aspecto, y, en él, «una figura que parecía un hombre», nimbado de luz y resplandor (la gloria del Señor). La mención del arco iris añade a la luz y al color la connotación de paz (Gn 9): el Señor viene majestuoso, pero en paz. El profeta entiende y anuncia que, aunque habitara en Jerusalén, la morada del Señor es el cielo, y su reinado se ejerce en toda la superficie de la tierra.
La «visión» de Ezequiel muestra ante todo hechos: la majestad del Señor no crea distancia, sino que la anula. Una cosa es que el pecado traiga como consecuencias la ruina y la desolación, otra muy distinta es que produzca el abandono de parte de Dios, o que sea un obstáculo insalvable para su amor. El pecado aparta a los hombres de Dios, pero no aparta a Dios de los hombres; niega el amor entre los seres humanos, pero jamás anula el amor de Dios a la humanidad. Por lejos que el pecado nos lleve, nunca nos pone fuera del alcance del amor de Dios.
Nosotros hemos conocido la magnitud y la fuerza de ese amor en la cruz de Jesús. Y hemos comprobado en él que el amor de Dios es universal, gratuito y fiel, y que es siempre una oferta de reconciliación y de paz para todos. Por eso hemos creído en él.
Y por eso renovamos diariamente esa experiencia de amor en la eucaristía. El Señor se hace el encontradizo, salvando todas las distancias, para reconciliarnos con el Padre y entre nosotros.
Feliz lunes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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