Recursos de fe para este jueves 13 de septiembre

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Jueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria obligatoria 

Color blanco

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,1b-7.11-13):

El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra –y son numerosos los dioses y numerosos los señores–, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 138,1-3.13-14ab.23-24

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,27-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Palabra del Señor


Reflexión del día

Jueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.

Después de los consejos a los casados y a los solteros, Pablo también aconsejó brevemente a las viudas (cf. 1Co 7,39-40). Se observa que el propósito del apóstol era liberar de escrúpulos a los que querían casarse (cf. 1Co 7,36-38) y, al mismo tiempo, conjurar la obsesión por el matrimonio (cf. 1Co 7,27.40), dándoles la seguridad de que sus consejos brotan de su condición de creyente que es guiado por el Espíritu de Dios (cf. 1Co 7,25b.40).
Así aborda la siguiente consulta. Los animales sacrificados en los cultos paganos no se utilizaban íntegramente en esos cultos; los remanentes se vendían en el mercado (cf. 1Co 8,10). Podían ser comprados a sabiendas o sin saber cuál había sido el motivo de su sacrificio, pero los corintios discutían si comer esas carnes los haría cómplices de la idolatría. Ya Pablo se había enfrentado a esta cuestión (cf. Rm 14-15), ahora responde en la misma línea a los corintios.

1Co 8,1b-7.11-13.
Los cristianos de Corinto son conscientes de su libertad. Pero Pablo habla de un conocimiento teórico que «engríe», en contraste con el amor, que «construye». El conocimiento que es don de Dios (cf. 1Co 12,8) se funda en el amor, el conocimiento presuntuoso es vacío y dañino.
Por otro lado, el problema no es tal, porque «un ídolo no representa nada», ya que solo existe un Dios, así que sacrificar los animales a los ídolos es lo mismo que sacrificarlos para el consumo, en nada contamina el alimento como tal. Los dioses y los héroes de la mitología pagana son para Pablo «demonios» (cf. 1Co 10,20-21), es decir, ídolos a los que se les rendía culto con la violencia hecha a los seres humanos, pero no son rivales de Dios, porque carecen de realidad. «Nosotros solo reconocemos un Dios, el Padre», autor del universo y destino de la humanidad; el cristiano solo reconoce un Señor, Jesús Mesías, por quien existe el universo y existimos nosotros. Pero él sabe que no todos tienen esa claridad, y que comer esas carnes podía causarles serios problemas de conciencia tanto a judíos como a paganos recién convertidos, que todavía no se desvinculaban de sus antiguas creencias.
Establece el principio, que se remonta a Jesús (cf. Mc 7,19), de que comer o no comer no es lo que nos recomienda ante Dios, pero que esa libertad no puede convertirse en obstáculo para las relaciones con los hermanos (cf. Rm 14,13-15,5; 1Co 8,8-10, omitido).
El criterio consiste en que el «conocimiento» no es el valor absoluto como rector de la conducta del cristiano, porque puede inducir al hermano a una infidelidad, ya que él procedería en contra de su conciencia si imitara la conducta del que tiene «conocimiento», y esto produciría un grave daño a un hermano por quien murió el Mesías. Así que el que tiene «conocimiento» debe cuidar al hermano de conciencia insegura y estar dispuesto a poner límites a su libertad para evitar hacer daño a su hermano, o siquiera ponerlo en peligro. El valor absoluto es al amor al hermano.

La claridad teológica, sobre todo la académica, no es argumento suficiente para proceder de una manera arbitraria, sin tener en cuenta la fe de los sencillos o los prejuicios que tengan, por muy irracionales que nos parezcan. «Nosotros los robustos debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada» (Rm 15,1). Dios no reina en nosotros por lo que cada uno coma o beba, o deje de comer o de beber, sino por la justicia, la paz y la alegría que proceden del Espíritu Santo (cf. Rm 14,17). No podemos condenarnos unos a otros.
Es igualmente ilícito aprovecharse del desconocimiento de los sencillos para ejercer dominio de cualquier género sobre ellos, haciéndolos sentir ignorantes, incapaces, indignos o culpables, para llevarlos a depender de un supuesto líder «ungido» para ese efecto por el Señor.
La comunión con el Señor es auténtica cuando conduce a «lavar los pies» de los otros como él nos los ha lavado a nosotros. Solamente así podremos presentarnos como discípulos suyos.
Feliz jueves eucarístico y vocacional.

Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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