Recursos de fe para este domingo 10 de junio

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Foto tomada de Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

X Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Color verde

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis. [Gén 39-15]

CUANDO Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:
«¿Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú
entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
te arrastrarás sobre el vientre
y comerás polvo toda tu vida;
pongo hostilidad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y su descendencia;
esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Palabra de Dios.

Salmo

Salmo responsorial: Sal 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8 (R/.: 7cd)

R/. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

V/. Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi Voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

V/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor. R/.

V/. Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

V/. Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios. [2 Cor 4, 13 — 5, 1]

HERMANOS:
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.
Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día.
Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

Palabra de Dios.

Evangelio de hoy

Evangelio según san Marcos. [Mc 3, 20-35, del domingo, 10 de junio de 2018

Lectura del santo Evangelio según san Marcos. [Mc 3, 20-35]

EN aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
El los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.


Reflexión de la Palabra

10 de junio
X Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Un viejo refrán español advierte que «quien se mete a redentor es para morir crucificado», dicho que corresponde a una experiencia universal y que se aplica a la letra en el caso de Jesús. Querer el bien de la humanidad y dedicarse a servirle no constituye garantía de aceptación, y tampoco asegura la gratitud por parte de aquellos cuya causa se defiende. Mucho menos hay que esperar comprensión ni aprobación por parte de los responsables del padecimiento de los que sufren. A Jesús le tocó enfrentar la incomprensión de los suyos y el rechazo de los dirigentes del pueblo.
Mc 3,20-35.
El relato que hoy escuchamos sigue a la iniciativa que tomó Jesús de convocar un grupo de doce seguidores en sustitución del pueblo de Israel después de que sus autoridades decidieron matarlo, y las multitudes manifestaron cifrar en él sus esperanzas en una liberación violenta. Ahora Jesús enfrenta las reacciones de la gente sometida y de los dominadores del pueblo, pero explica cuál es la alternativa que él propone, distinta de lo que piensan los oprimidos y sus opresores.
1. Los lejanos y los cercanos.
Primero se reporta la reacción de dos grupos. El más numeroso está formado por gente que ha visto con buenos ojos su actuación en relación con los inescrupulosos dirigentes que no tienen reparo en decidirse a matarlo porque Jesús le reconoce libertad de acción a la gente, como quedó claro en la sinagoga (cf. Mc 3,1-6). Esos dirigentes no están dispuestos a aceptar que Jesús ponga al pueblo fuera de su dominio. Este grupo numeroso de pueblo se entusiasma con él.
El segundo grupo es menos numeroso, lo constituyen sus allegados, seguramente los parientes que se mencionarán más adelante (sus «hermanos» y «hermanas»: Mc 6,3), a los cuales les llegó la noticia –porque no andaban con él– y estos, pensando que Jesús estaba fuera de sí, decidieron impedirle que continuara desafiando la institución religiosa, porque eso les parecía una locura.
2. Los letrados: el poder ideológico.
Aparecen unos letrados venidos de Jerusalén, los cuales se pasean difamando a Jesús, acusándolo de recurrir a la idolatría y la violencia. «Demonios» (hebreo שֵׁרִים) es el nombre que se les da en el Antiguo Testamento a los ídolos a los cuales se les ofrecen sacrificios humanos (cf. Dt 32,17; Sl 106,37). Al decir que Jesús «tiene dentro a Belcebú» afirman que Jesús está dominado por una divinidad cananea, no animado por el Espíritu del Señor; y al acusarlo de que actúa «con el poder del jefe de los demonios» dan a entender que la obra liberadora de Jesús no corresponde al Señor, Dios de Israel, el que los liberó de la esclavitud en Egipto, sino a un falso dios.
Ellos evitaban dar la cara, pero Jesús los convocó para enfrentarlos a sus absurdas difamaciones. Satanás no puede expulsarse a sí mismo, otorgándole libertad al ser humano, porque eso implica una lucha intestina y su propia ruina. Al fuerte solo puede vencerlo uno más fuerte, que sea capaz de atarlo y despojarlo. Es decir, si Jesús se metió en los dominios de Satanás y le arrebató los que dominaba, es porque él es más fuerte que Satanás y adversario suyo, no su aliado.
Por consiguiente, los que lo acusan de tener dentro un espíritu inmundo actúan de mala fe y, a sabiendas de que mienten, y se están cerrando a sí mismos toda posibilidad de perdón, porque insultan la obra liberadora del Espíritu Santo, atribuyéndosela a un ídolo, con lo cual se condenan definitivamente a sí mismos.
3. La comunidad universal.
«Llegó su madre y sus hermanos» (¡ojo a la incongruencia gramatical!). «Madre» (sin nombre) y «hermanos» (sujeto plural) indican una misma realidad desde dos puntos de vista. La «madre» es la nación judía, en cuanto origen étnico de Jesús; «hermanos» es la misma nación en cuanto que está organizada socialmente con leyes y costumbres. «Se quedaron fuera», como guardando una distancia con respecto de Jesús, pero «lo mandaron llamar», como queriendo imponerle su punto de vista. Jesús, por su parte, estaba rodeado por una multitud de gente. Y le avisaron dándole el recado de que lo buscaban fuera. En respuesta, él pregunta cuál es su familia. Y, fijando la mirada en los que lo rodeaban sentados, sentenció que «cualquiera que cumpla el designio de Dios», ese es familia suya, recalcando la igualdad de varones y mujeres, y subordinando la «maternidad», es decir, la nacionalidad, a la fraternidad. La familia de Jesús no se constituye por lazos de sangre, sino por la fraternidad de quienes se comprometen a realizar el designio de «Dios». No usa aquí el nombre de «Padre», sino el más universal de «Dios», para extender aún más el concepto. Todo el que realice el designio de Dios es familia suya. Ese designio consiste en la vida, la libertad y la felicidad de toda la humanidad. El que trabaje por eso realiza el designio de Dios y pertenece a la familia de Jesús.
Hay muchas maneras de mirar a Jesús. Unos se entusiasman con él y pretenden manipularlo en favor de sus intereses individuales o de grupo. Otros lo consideran un soñador iluso y temerario, que puede poner en riesgo sus seguridades y las del sistema social en el que se sienten cómodos. Otros lo descalifican porque él desmonta el andamiaje ideológico del cual se valen para dominar las multitudes y les impide continuar manipulándolas a su favor.
La auténtica visión de Jesús es la que permite una relación familiar con él, como «hermano» o como «hermana», y consiste en el empeño común por lograr que toda sociedad humana goce de una vida digna, libre y feliz, como lo quiere Dios. Esta relación no privilegia intereses egoístas, ni individuales ni de grupo, sino el bien común. Para eso existen las comunidades cristianas, para eso nos reunimos en asambleas festivas todos los domingos alrededor de él, y para eso comemos el pan de la vida: para ser su familia y dar testimonio de su nombre.
¡Feliz día del Señor!
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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