Angeles

Las corralejas, sin las bandas, serían una reunión de espectadores que siguen el bamboleo de una bestia tras el movimiento de un capote rojo.

Un espacio de recuerdos o actuaciones de hombres que se juegan la vida por unos aplausos o por paupérrimas sumas de dinero, inferiores a los gastos de sus heridas.

Pero ahí están ellos, las maestras de ceremonia, con sus instrumentos de viento y percusión, que con sus melodías ponen el ambiente y el sabor.

La Super Banda de Colomboy, Reina del Porro de Rabo Largo, 8 de Septiembre de Sincé, San Juan de Caimito, 15 de Diciembre de El Guamo y Nueva Generación de Chochó tienen a su cargo la tarea de darle inicio y fin a la fiesta brava sin importar el resultado: si hay sangre en la arena o si el improvisado torero es alzado en hombros.

A los asistentes no les interesa si es un porro tapa’o, palitia’o o canta’o. Al calor de un buen espectáculo y de unas notas bien tocadas, el ritmo es lo de menos.

Las mujeres, su inspiración

La importancia de las mujeres para las bandas va más allá de su movimiento cadencioso de caderas, el majestuoso ondear de las polleras o el poder que demuestran al tomar un mazo de velas encendida con su mano desnuda; son la inspiración que las lleva a seguir vivas, aunque algunas de esas musas ya hayan muerto.

María Varilla, La Lorenza, La cereteana, María palito, La aventurera, María Elena, La espelucá y María Mercedes, son algunas de ellas, inmortalizadas por notas musicales que son pedidas una y otra vez por los enérgicos taurinos.

Hoy, en la tercera tarde de toros en Sincelejo, su show no será mejor a los días que lo antecedieron ni superior a los tres que los suceden, simplemente brillarán como siempre, porque para las bandas nunca hay tarde mala.

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