La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-viernes 21 de septiembre

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista

Color rojo

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,1-7.11-13):

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,2-3.4-5

R/. A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,9-13):

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor


Reflexión del día

21 de septiembre.
San Mateo, apóstol y evangelista.
Mateo aparece como «un letrado instruido en el reinado de Dios» (Mt 13,52). Es un recaudador (por tanto, israelita y renegado) que, dada la portada universal del reino de los cielos, es integrado al grupo de los Doce (cf. Mt 10,3). Así se convierte en testigo de esa universalidad incluyente. Su oficio de recaudador tenía doble estigma en la sociedad judía: por un lado, era un cobrador de impuestos al servicio del ocupante extranjero, lo que lo hacía un traidor a su pueblo; por el otro, era aficionado al dinero, lo que lo hacía aborrecible para los fariseos, que también eran amigos del dinero (cf. Lc 16,14), y detestable para la población en general, porque los recaudadores se enriquecían a costa del empobrecimiento de su pueblo. Así que su vocación por parte de Jesús constituye todo un salvamento, al mismo tiempo que un escándalo, porque Jesús se granjea en su contra la ira de parte de los fariseos.
 
1. Primera lectura (Ef 4,1-7. 11-13).
La carta a los efesios insiste en que Dios se propone unir todo en el Mesías y, por el Mesías, unirse él a todos. Por eso lo propio del cristiano es ponerse al servicio de ese designio de unidad con el Mesías y como él. Esto plantea tres requisitos:
a) Genéricamente, todos han de dejarse conducir por el Espíritu mediante actitudes favorables a ese designio: humildad, amabilidad, comprensión, tolerancia por amor, empeño por la unidad. Así se impide que la unidad se rompa a causa de las carencias individuales.
b) Eclesialmente, la vocación de la comunidad es construir la unidad en la diversidad, teniendo como referencia la fuente de dicha unidad: la Trinidad misma. Un solo cuerpo, la Iglesia, un solo Espíritu, el de Dios. Un solo Señor, el Mesías, una es la fe, uno es el bautismo; un solo Dios, el Padre de Jesús y de todos, el supremo, el que por su Espíritu está presente en todo el cuerpo y en cada uno de sus miembros.
c) Individualmente, cada uno, como «miembro del Mesías», tiene la facultad de contribuir a esa construcción y está capacitado para ello por el don que recibió para que se realice personalmente en el servicio y para que contribuya al desarrollo del cuerpo del Mesías.
El objetivo es esa unidad en la fe-adhesión y en el conocimiento-experiencia del Hijo de Dios, o sea, que unidos al Hijo aprendamos a ser hijos para realizar en nosotros el «hombre perfecto», a la medida de la perfección del Mesías.
2. Evangelio (Mt 9,9-13).
Después de establecer que la salvación es para todos, y que el único requisito es la fe-adhesión a su persona, Jesús se fija en:
a) «Un hombre». Él ve ante todo el ser humano que está ante él, se remite a la creación de Dios.
b) «Llamado Mateo» (מַתַּי). Su nombre significa «regalo del Señor». Un don de Dios a su pueblo.
c) «Sentado al mostrador de los impuestos». Un traidor. Y esto era lo primero que la gente veía.
Así Jesús hace la apreciación correcta: ese hombre es un don de Dios que no ha sido valorado como tal, ni por sí mismo, ni por la sociedad.
Por eso Jesús lo invita a que lo siga. Este llamado implica la valoración del hombre y la oferta de su plena realización. La metáfora del seguimiento subraya el carácter dinámico de esa realización personal. La respuesta inmediata indica que el hombre toma conciencia de su postración y sale de ella («se levantó»), y se decide a buscar tras Jesús su propia realización («lo siguió»).
Esto abre una puerta de esperanza para los otros que están en la misma condición (postración, menosprecio y exclusión), los cuales hacen suya la oportunidad que Jesús le ha ofrecido a Mateo. Este se convierte en testimonio de que una nueva sociedad es posible.
Pero se interponen los partidarios del orden establecido y defensores de la exclusión para reiterar en qué se basan ellos para reiterar su postura excluyente: la descalificación de esos seres humanos rotulados «recaudadores» (o «publicanos») y «pecadores (públicos)». Esa exclusión, según ellos, es de origen divino. Jesús les responde que no, con dos argumentos:
a) Racional: no sienten necesidad de «médico» los «fuertes», sino «los que están mal». El término «médico» se usa aquí en sentido metafórico, y designa al dirigente que procura el bienestar del pueblo (cf. Lc 4,23). Por eso, su correlativo no son los «sanos», sino los «fuertes» (ἰσχύοντες), es decir, los poderosos (cf. Is 1,23-24; 3,1.2.25; 5,22; 22,3), y tampoco habla de «enfermos» sino de «los que están mal» (κακῶς ἔχοντες), es decir, los abandonados a su suerte (cf. Ez 34,4).
b) Escriturario: ellos, que apelan tanto a la Escritura, la desconocen. Deberían saber que la ayuda a los necesitados («misericordia») prevalece sobre el culto.
De hecho, la invitación de Jesús no cala en los satisfechos de sí mismos («justos») sino en los fracasados, insatisfechos de sí mismos y de todo («pecadores»).
La vocación cristiana es vocación al apostolado. Y, en esta fiesta, el apostolado se entiende como construcción de una sociedad incluyente, «católica», coherente con el amor universal del Padre. El verdadero problema de los fariseos con respecto del amor universal de Dios no es el hecho de que Dios ame a todos –al fin de cuentas, eso es asunto de Dios–, sino el hecho de que dicho amor los iguale con los otros –porque eso es asunto de honor para ellos–, y esto sí que les resulta inadmisible. Jesús les hace ver que la descalificación que ellos hacen de los demás, desde cualquier punto de vista y con pretendido apoyo en la ley de Dios, es una forma de disimular su ánimo excluyente, que es factor de división y de enfrentamiento social. Jesús denuncia ese ánimo como algo inhumano, porque muestra falta de compasión con los excluidos; pero también hace ver que esa actitud está en total oposición al designio de Dios y que él la reprueba.
Que la celebración de la eucaristía nos ejercite y comprometa en la construcción de una sociedad incluyente a partir de la conformación de una Iglesia verdaderamente «católica», que sea hogar acogedor para los pecadores y excluidos por parte de los pecadores perdonados que habitamos en la misma por gracia de Dios y no por mérito nuestro.
Feliz fiesta.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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