La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-viernes

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año I

Feria, color verde

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (6,5-7):

UNA palabra amable multiplica los amigos
y aleja a los enemigos,
y la lengua afable multiplica los saludos.
Sean muchos los que estén en paz contigo,
pero tus confidentes, solo uno entre mil.
Si haces un amigo, ponlo a prueba,
y no tengas prisa en confiarte a él.
Porque hay amigos de ocasión,
que no resisten en el día de la desgracia.
Hay amigos que se convierten en enemigo,
y te avergüenzan descubriendo tus litigios.
Hay amigos que comparten tu mesa
y no resisten en el día de la desgracia.
Cuando las cosas van bien, es como otro tú,
e incluso habla libremente con tus familiares.
Pero si eres humillado, se pone contra ti
y se esconde de tu presencia.
Apártate de tus enemigos
y sé cauto incluso con tus amigos.
Un amigo fiel es un refugio seguro,
y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio
y su valor es incalculable.
Un amigo fiel es medicina de vida,
y los que temen al Señor lo encontrarán.
El que teme al Señor afianza su amistad,
porque, según sea él, así será su amigo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,12.16.18.27.34.35

R/.
 Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos

V/. Bendito eres, Señor,
enséñame tus decretos. R/.

V/. Tus decretos son mi delicia,
no olvidaré tus palabras. R/.

V/. Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. R/.

V/. Instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R/.

V/. Enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R/.

V/. Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,1-12):

EN aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor

La reflexión del padre Adalberto, nuestro vicario general
 
Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
 
Después de referirse a la presunción, que es interior, el autor pasa al hablar, que es manifestación exterior de lo que hay en el interior de la persona, y da consejos al respecto teniendo como línea la rectitud personal y la consideración hacia el otro (cf. Sir 5,9-6,1). Luego da una recomendación genérica sobre la pasión, que destruye al que la abriga y perjudica el respeto que puedan tenerle los demás. En cambio, el texto griego habla del orgullo, no de la pasión (cf. Sir 6,2-4).
Enseguida pasa a referirse a los efectos del bien hablar. Así como la maledicencia daña la propia reputación y la convivencia, el bien hablar favorece la convivencia. El hombre que habla mal se confina al aislamiento, se excluye de la convivencia social. La maledicencia perjudica la relación del individuo con sus semejantes, y también daña la convivencia entre los demás. En cambio, el hombre que controla su lengua y piensa lo que va a decir tiene amigos y genera convivencia.
El autor habla en concreto de la amistad. En el mundo antiguo la amistad solo se daba entre personas de la misma condición social; era impensable entre amos y esclavos. El autor sublima ese requisito al manifestar que la verdadera amistad se da entre los que respetan al Señor.
 
Sir 6,5-17.
Tras establecer la relación entre la amistad y el bien hablar, y luego de advertir que no hay que precipitarse, distingue la falsa amistad de la verdadera.
1. Sabiduría y amistad.
El bien hablar comienza por el timbre de la voz: «Una voz suave aumenta los amigos», y se confirma con la amabilidad de las palabras: «…unos labios amables, los saludos». El hombre que es manso y amable multiplicará sus amigos y obtendrá muchas manifestaciones de aprecio. Los efectos del bien hablar son visibles, porque mejora la calidad de la convivencia social. Esto es positivo y deseable, sin embargo, el autor, sin duda basado en su propia experiencia, recomienda la cautela, sin dejarse llevar de la euforia. Distingue entre la actitud abierta a «muchos» y el trato íntimo, confidencial, que debe ser cuidadoso y electivo. No hay que precipitarse en la amistad, la confianza ha de ser resultado de un proceso, gradual.
2. Amistades de ocasión.
La razón de ser de ese tacto es que la amistad necesita ser verificada, porque «hay amigos de un momento», es decir, no todas las amistades son de la misma índole. Para determinar la calidad de la amistad, el autor propone un criterio universal: la capacidad de resistir y superar la prueba. Luego distingue tres casos de amistades de ocasión:
• Las amistades temporales: las que solo existen por un tiempo, puesto que no resisten la llegada del momento del peligro, porque se acaban.
• Las amistades traidoras: son los amigos que se truecan en enemigos, negando la amistad que declaraban al traicionar la confianza que se les dio.
• Las amistades interesadas: los amigos que comparten el bienestar (la mesa), pero desaparecen cuando más se los necesita («la hora de la desgracia»).
Y señala tres características generales de esas amistades de ocasión:
• son buenos compañeros en las buenas, pero ausentes en las malas.
• son solidarios en el bienestar, pero desaparecen en el infortunio.
• son los que se esconden del amigo cuando lo alcanza la desgracia.
El autor tiene una vasta experiencia en el tema (cf. 9,10; 12,8-18; 22, 19-26; 37,1-6), por eso se permite aconsejar apartarse del enemigo y ser cauteloso con el amigo.
3. Amistad y temor del Señor.
Pero no todo es negativo. Lo que quiere decir es que la verdadera amistad no brota silvestre, y hay que saberla cultivar debidamente. Hay que aprender a descubrir al que sabe ser amigo (y en eso consiste la cautela), porque ser amigo requiere de esa sabiduría que supone el respeto por el Señor. Y entonces describe las características del «amigo fiel» (que se opone al amigo de ocasión).
• Ante todo, es un «refugio seguro»; dar con él es encontrar un tesoro.
• Además, es inapreciable, invaluable, no se compra, él se da a sí mismo.
• Por último, es un «talismán» (צְרוֹר הַחַיִּים, φάρμακον ζωῆς), el modismo hebreo se refiere a que la posesión más preciosa se protegía y ocultaba en una bolsa: así valora y protege el amigo la vida de su amigo (cf. 1Sm 25,29); la traducción griega compara al amigo con un elixir de vida. La idea es que quien tiene un amigo fiel está seguro, protegido como un tesoro, y tiene su vida asegurada.
Ese tipo de amistad es consecuencia del respeto y amor al Señor. En este respeto y amor fragua y se ofrece la verdadera amistad, la que realmente hace iguales a los seres humanos en lo que es más importante, la sabiduría que comienza por ese respeto y amor: «su camarada será como él, y sus acciones como su título».
 
En esta primera de las cinco reflexiones que hace el autor sobre la amistad deja ver su convicción de que la sabiduría genera amistad y favorece la convivencia social. Pero da un paso más cuando distingue la verdadera amistad de las falsas, y afirma que la amistad verdadera nace, como la sabiduría, del respeto y amor al Señor; por lo tanto, la verdadera amistad es sabiduría. Y establece para esta amistad un fundamento más sólido que el convencional, porque este se basaba en la igualdad de condición social, ya que se pensaba que la verdadera amistad solo podía darse entre hombres libres. Lo que el autor da a entender es que el respeto y amor al Señor otorga verdadera libertad y constituye un mejor criterio de igualdad y una base más firme para la amistad.
La amistad cristiana tiene como base la igualdad que supera la servidumbre (cf. Jn 15, 14-15) y derriba las barreras de enemistad (cf. Mt 5,44) y hostilidad (cf. Ef 2,14). Esta amistad se da entre hermanos, porque su fundamento es el Espíritu de Jesús, que es el Espíritu del Padre, infundido en nosotros para que seamos «uno». Esta amistad, hermandad y unidad se renueva y refuerza en la festiva celebración de la eucaristía, en la cual asumimos la misión de ser constructores de la unidad y creadores de un mundo nuevo, el reino de Dios.
Feliz viernes.

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