La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-miércoles

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Foto: Pixabay.

Palabra del día

26 de diciembre. San Esteban, protomártir. Octava de Navidad

Color rojo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60):

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,17-22):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Palabra del Señor


La reflexión de la Palabra

26 de diciembre: San Esteban, protomártir. En la octava de Navidad.

Ahora se invierten los términos: Jesús, el prometido, es quien hace las promesas, para que estas se cumplan en sus discípulos. Teniendo en cuenta que no estamos celebrando un aniversario (o «cumpleaños») sino la encarnación de Dios y sus repercusiones a favor de la quienes le presten su adhesión, la promesa anuncia esas repercusiones.Como la promesa precede al cumplimiento, por eso la meditación del evangelio tiene el primer lugar –en orden inverso al del tiempo de adviento– y, en segundo lugar, la aplicación, teniendo en cuenta el mensaje de la primera lectura. Sin embargo, el orden cronológico no se ve alterado, porque, en orden de precedencia, Jesús es anterior a sus discípulos.

1. Primera lectura (Hch 6,8-10; 7,54-60): Cumplimiento.

El ser y el quehacer de Esteban aparece en paralelo no simétrico con el ser y el quehacer de los apóstoles (cf. Hch 5,12). Estas vida y actividad corresponden a la petición hecha a Dios por los apóstoles (cf. Hch 4,30); hay ligeras pero significativas variaciones. De los apóstoles se dice que «por sus manos se realizaban muchas señales y prodigios (σημεῖα καὶ τέρατα: cf. Ex 7,3) en medio del pueblo»; de Esteban se dice que, «permaneciendo lleno de gracia y de fuerza, él hacía grandes prodigios y señales». La gracia y la fuerza, propias del Espíritu Santo, capacitan para la misión (cf. Lc 1,30.35). En Esteban son permanentes. Liberó al pueblo como lo han hecho los apóstoles, pero de forma más radical, por eso, judíos de las sinagogas de la diáspora reaccionaron contra su irrefutable profecía y recurrieron al falso testimonio para acusarlo.Los «Libertos» eran judíos de origen helenista que habían sido esclavos en Roma y adquirieron su libertad, y tienen en Jerusalén su propia sinagoga. Algunos de ellos, junto con otros judíos de origen helenista de diferentes procedencias, reaccionaron ante la actividad liberadora de Esteban, quien proponía un nuevo éxodo (por eso se habla de «señales y prodigios»), es decir, salirse de la institución judía. Y esto lo hacía apelando al nombre de Jesús. Ellos discutían al respecto con Esteban, pero no acertaban a rebatir sus argumentos, porque Esteban hablaba inspirado por el Espíritu Santo (cf. Lc 21,15).Recurrieron a falsos testigos para denunciar a Esteban como blasfemo, pero él no se defendió, teniendo en cuenta lo indicado por Jesús (cf. Lc 21,14), sino que los denunció «lleno de Espíritu Santo», es decir, actuando como profeta cristiano.La denuncia profética de Esteban les hizo sentir más odio por la frustración que les producía no poder hacer frente al saber y al Espíritu Santo que lo animaban. Nadie salió en su defensa, pero él declaró ver tanto la gloria de Dios como a Jesús «de pie», en actitud de juez, es decir, Dios avala su testimonio y Jesús, en su calidad de «el Hijo del Hombre», sale en su defensa. Eso los exasperó aún más, y se resistieron a seguir escuchándolo. Fue condenado a muerte de infiel e idólatra, y ejecutado con todos los requisitos de ley. Pero él oró por sus enemigos y pidió perdón para sus verdugos.Lucas presenta a Esteban como un segundo Jesús, que vive y muere como él.

2. Evangelio (10,17-22): Promesa.

«Los hombres», que no entendieron a Jesús, pero que sí lo rechazaron, son de cuidado para los discípulos porque también a ellos los van a rechazar valiéndose de todos los recursos a su alcance: los sociales (tribunales), los religiosos (sinagogas) y los políticos (gobernadores y reyes), por el hecho de seguir a Jesús.Sin embargo, no deben mirar ese rechazo como una desgracia absoluta. Esta podrá ser para ellos una oportunidad para dar «testimonio en contra» (μαρτύριον) de «los hombres» (los que no se guían por el Espíritu sino por sus impulsos mezquinos o intereses egoístas). La citación ante los tribunales criminales por causa del Hijo del Hombre (cf. Mt 5,11) será ocasión para que estos se quiten la máscara de respetabilidad y el aura de veneración que ostentan, y muestren así su real inhumanidad. La crueldad con la que traten a los discípulos los dejará en evidencia. El atropello a los inocentes revelará el rostro feroz y salvaje de dichos poderes asesinos (cf. Dan 7,2-14).La promesa de Jesús consiste en la asistencia del Espíritu del Padre, pero no para defenderse (esto legitimaría a sus perseguidores), sino para hablar como profetas del Padre (igual que Jesús). El propósito de no defenderse mostrará su fe en el Padre, el Dios de la vida, y les dará libertad no solo para entregar la vida, sino para denunciar ese régimen de miedo y de muerte que pretende presentarse a sí mismo como justicia. A esto se refiere Jesús cuando el discípulo convierte la vida física en valor supremo, limitándose a su horizonte y olvidando la vita eterna (cf. Mt 16,25-27).Todos los amores humanos (los de sangre y los de proximidad) colapsarán ante los fanatismos y el odio, porque la intolerancia tiene una alta capacidad para acobardar y deshumanizar, pero Jesús añade otra promesa: la salvación definitiva para quienes resistan «hasta el final» (hasta la muerte). «Salvación» significa vida, «definitiva» connota indestructibilidad: vida eterna.Dice san Agustín que «el Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre se haga hijo De Dios». Es una buena forma de entender y de explicar la finalidad de la encarnación: lograr el viejo sueño de «ser como Dios». Y ahora tenemos cómo lograrlo, porque él mismo nos envió el modelo, que es su Hijo, hecho uno de nosotros. Esteban lo asumió y lo realizó con fe. Y ahora reina con él.Y nosotros, que conocimos a Jesús por su palabra, nos vamos asimilando a él por la eucaristía, que es comunión con él. El pan que partimos y compartimos no es para alimentar la vida física, sino para alimentar nuestra esperanza de vida eterna.Feliz Navidad. Dios está con nosotros.

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