La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-lunes

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(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Lunes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario 

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

Memoria obligatoria, color blanco

Primera lectura

Lectura del libro de Job (1,6-22):

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.
El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»
Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»
El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»
Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»
El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»
Y Satanás se marchó.
Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»
A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 16,1.2-3.6-7

R/. Inclina el oído y escucha mis palabras

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,46-50):

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.
Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»
Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»
Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Palabra del Señor


Reflexión del día

Lunes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Comenzamos el libro de Job. Si Qohélet se rebela contra la sabiduría tradicional, Job se vuelve contra su más preciosa adquisición: la doctrina de la retribución. Era de todos admitido que al bueno la va bien y al malo le va mal. Job enfrenta esa doctrina con su experiencia, es decir, opone «a un principio un hecho, a una idea un hombre» (L. Alonso Schökel). El libro se desarrolla de manera sencilla:
• Un prólogo doble (en el cielo y en la tierra)
• Cuatro tandas de diálogos: Tres veces hablan los tres amigos de Job, por cuya voz se escucha como cantaleta la doctrina tradicional, y cada vez responde Job alegando su inocencia. La cuarta vez Job y Dios hablan frente a frente.
• Un epílogo doble (en el cielo y en la tierra)
Job 1,6-22.
El leccionario omite el prólogo en la tierra (1,1-5), en el cual el autor presenta al protagonista como un extranjero (Hus es un distrito de Edom: cf. Lm 4,21), llamado Job (nombre extranjero, en hebreo אִיּוֹב, cuyo sentido original más probable era: «¿Dónde-mi-padre?»), justo y honrado, religioso y apartado del mal, padre de siete hijos y tres hijas, y muy rico. El personaje es extranjero porque por su boca se va a expresar una inconformidad que en boca de un israelita sonaría a blasfemia o a herejía. El texto de hoy contiene el prólogo en el cielo y las pruebas de Job.
1. Prólogo en el cielo.
Téngase en cuenta que, aunque el libro se dirige a israelitas, de manera deliberada se opone a los esquemas de la sabiduría israelita.
Hay una asamblea en el cielo: Los hijos de Dios (בְנֵי אֱלֹהִם), los ángeles, vinieron a presentarse ante el Señor (יהוה), y entre ellos «el Satán» (הַשָּׂטָן), es decir, el «fiscal», el «acusador» (es el título de una función), que no coincide con la figura que tiene el mismo nombre, Satanás, en la teología cristiana posterior (ni en la evangélica, ni en la popular). Este desempeña un papel de antagonista celeste; se concibe el cielo a imagen de las cortes reales de la época. El Señor le manifiesta su complacencia por Job y el Satán le replica que la religión de Job es interesada, que la relación entre ambos es rutinaria, porque el Señor bendice (da vida) a Job y éste, a su vez, bendice (da gracias) al Señor. Y lo desafía: «tócalo, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldice en tu cara». El Señor lo autoriza a «dañar sus posesiones», sin tocar a Job. Y el Satán se marcha a hacer lo suyo. Las pruebas mostrarán la calidad de Job. El Satán no solo arroja una sospecha sobre Job y su conducta, sino también sobre el Señor y la suya; es decir, el Señor bendice al hombre para que el hombre lo bendiga a él, o sea, en ninguno de los dos hay bondad sincera. La autorización del Señor constituye una demostración de confianza en el ser humano, obra de sus manos, para dejar constancia de que la relación entre ambos no se basa en el interés ni en la necesidad.
2. Las pruebas de Job.
Tales pruebas ocurren en un día y se suceden en orden de gravedad:
• Muerte de unos criados y robo de ganado (bueyes y burras: para la agricultura).
• Muerte fulminante de ovejas (para leche y lana) y de los pastores.
• Robo de camellos (para los negocios y viajes) y muerte de los criados.
• Muerte conjunta de los hijos de Job.
Cuatro desgracias, signo de exterminio (cf. Ez 14,21), de ira implacable (cf. Jr 15,3). Sus causas se alternan: hombres y fenómenos naturales. Cuatro veces se repite el verbo «caer» (נפל): tres en las desgracias que se abaten sobre Job (vv. 15.16.19), y la cuarta cuando es él quien cae (v. 20)
Reacción de Job: manifestaciones de dolor y de duelo, reconocimiento de su precaria condición humana, atribución al Señor de sus dones y de sus desgracias (aunque las desgracias las provocó el Satán), pero bendijo el nombre del Señor, que pronunció tres veces, no lo maldijo, que era lo que buscaba el Satán.
La doctrina de la retribución establecía la ecuación entre justicia y bienestar. Esto no se verificó en la experiencia, pero suscitó la duda de si el hombre puede ser y permanecer justo aunque no le vaya bien. Es la apuesta del Satán con el Señor. Esa es la trama que recorre el libro de Job. De hecho, los dioses, según las religiones antiguas, se acreditaban por los favores, la prosperidad y las victorias bélicas que se decía les procuraban a sus adeptos. Era una religión interesada. En Job se aclara la cuestión de la retribución, y se plantea el desinterés en la relación con el Señor. Pero esto último tiene solución definitiva más allá de la religión, en la adhesión de fe, cuando a la fidelidad del Señor el hombre responda con fidelidad a muerte.
El problema de la retribución en el Antiguo Testamento radica en que se concibe en términos de mera satisfacción terrena (prosperidad, salud-longevidad y buena fama), por un lado, y, por el otro, en que se vincula necesariamente a la rectitud personal. Jesús se sitúa de manera realista en este mundo de injusticias y muestra que la rectitud personal no necesariamente granjea un reconocimiento, sino que puede ser lo contrario: el hombre puede ser mal visto, calumniado y perseguido precisamente por ser justo. Por eso, él corrige el sentido de la retribución: el don de Dios, la herencia paterna del creyente es la vida eterna. Y enseña que, a menudo, la posesión de riquezas, el usufructo del poder o el disfrute de prestigio están en relación con la injusticia social. En muchos círculos cristianos se ha revivido ese concepto arcaico de retribución, dando lugar así a una religión interesada en sustitución de la fe gratuita.
La celebración de la eucaristía, en la cual el pan de la vida se da como retribución a la fidelidad en el amor, nos muestra que la relación con el Padre, al menos a través de Jesús, está motivada por un amor gratuito en su origen y en su respuesta.
Feliz lunes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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