La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-lunes

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Lunes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Color verde

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 110,1-2.7-8.9.10c

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.
La alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Lunes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año II.

Después del recorrido por la sabiduría israelita, hacemos ahora uno por la sabiduría cristiana, o praxis de la buena noticia, hasta el final del año litúrgico. Se hará así:
• Lunes XXVII a miércoles XXVIII: Carta a los gálatas.
• Jueves XXVIII a jueves XXX: Carta a los efesios.
• Viernes XXX a sábado XXXI: Carta a los filipenses.
• Lunes a miércoles XXXII: Carta a Tito.
• Jueves XXXII: Carta a Filemón.
• Viernes XXXII: Segunda carta de Juan.
• Sábado XXXII: Tercera carta de Juan.
• Lunes XXXIII a sábado XXXIV: Libro del Apocalipsis.
La carta a los gálatas contiene la vigorosa apología que hace Pablo de su condición de apóstol y de su evangelio, y constituye una ardorosa defensa de la libertad cristiana hasta el punto de ser considerada «el manifiesto de la libertad cristiana».

Ga 1,6-12.
El leccionario omite el comienzo de la carta (remitente, destinatarios, saludo inicial y doxología), que se abre con la neta afirmación del origen divino de su apostolado y sintetiza luego, de un plumazo, el designio del Padre (vv. 1-5).
Sigue el exordio (vv. 6-10), y comienza la reivindicación de su condición de apóstol (vv. 11-17, de los cuales solo se leen hoy los vv. 11-12).
Esta es la única carta que Pablo no comienza con una acción de gracias. La brusquedad inicial del exordio revela la gravedad de la crisis que existe en las comunidades. Pablo les reclama porque los gálatas lo han cambiado a él, que los evangelizó, y la buena noticia que él les proclamó, por unos adversarios suyos y por «una buena noticia diferente» (cf. 2Co 11,4) que estos pregonan. La buena noticia que predica él se resume en esto: Dios Padre libera a los hombres de la sociedad injusta («este perverso mundo presente») mediante la fe, que se concreta en la aceptación de la persona de Jesús (los valores que él encarna y propone), fe a la cual corresponde Dios con el don de su Espíritu, el cual proporciona la experiencia del amor del Padre, amor que produce la felicidad personal («favor») y comunitaria («paz») de que gozan los gálatas (cf. 1,3-4; 3,1-5).
Tal es la seguridad que Pablo tiene de la autenticidad de su mensaje, que se atreve a afirmar y reafirmar que si un sedicente enviado de Dios («ángel de cielo») intentara suplantar ese mensaje, habría que rechazarlo por farsante. Esta energía se debe a que Pablo sabe que sus adversarios, para descalificar el mensaje que él anunció, niegan que él sea apóstol, es decir, enviado de Dios. Afirman que Pablo anuncia la caducidad de la Ley para halagar oídos humanos y promover el relajamiento moral. Por eso les pregunta a los gálatas si parece que tratara de congraciarse con «los hombres» y de acomodar su anuncio a los gustos de estos. Y les asegura que halagar a «los hombres» no es compatible con el servicio del Mesías.
En efecto, la buena noticia que él anuncia no es invento humano (ni suyo, ni de otro ser humano), porque él no lo recibió por instrucción de otro hombre, sino por una revelación directa de Jesús como Mesías, quien le hizo experimentar la gratuidad del favor de Dios por fuera de las obras de la Ley, y a pesar de su pecado personal. Él no habla de oídas, sino por experiencia personal.

El problema de las comunidades de Galacia consiste en que hay unos cristianos con intereses ideológicos que, para imponer entre ellas su ideología judaizante, se dan a la tarea de desacreditar personalmente a Pablo como enviado de Dios y a descalificar su mensaje como buena noticia de Dios.
Lo primero pretenden lograrlo negándole legitimidad a Pablo, afirmando que él no es apóstol, como si esto fuera un título para ostentar o una credencial exterior, y no una realidad para vivir. Pablo responde con su experiencia de Jesús, no alegando credenciales humanas.
Lo segundo lo llevan al plano de las ideas, que es en el que ellos se mueven a sus anchas, y presentan a Pablo como un mundano que busca adeptos a cualquier precio. Pablo responde con la experiencia que han vivido los mismos gálatas, que es inequívoca.
Es preciso distinguir entre disputas doctrinales, que a menudo a nada conducen, y la causa de la buena noticia, que se concreta en la experiencia de libertad frente a la sociedad injusta y en la experiencia de auténtica realización humana individual y comunitaria. De Jesús aprendió Pablo a confrontar ideas con hechos. No se trata de quién tiene la teoría más elaborada, sino de quién hace más por la liberación y la salvación de la humanidad. Es en la praxis en donde se verifica la autenticidad de la teoría.
De nada vale conocer la doctrina ortodoxa sobre la fe en la eucaristía, si la comunión eucarística no conduce a una vida de entrega como la de Jesús. En cambio, esta vida de entrega se certifica a sí misma por encima de la más elaborada teología.
Feliz lunes.

Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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