La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-jueves

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Foto: Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)Palabra del día

Jueves de la II semana de Adviento

Santa Lucía, virgen y mártir. Memoria obligatoria, color rojo

Primera lectura

surtigas 2

Lectura del libro de Isaías (41,13-20):

YO, el Señor, tu Dios,
te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob,
oruga de Israel,
yo mismo te auxilio
-oráculo del Señor-,
tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes
buscan agua, y no la encuentran;
su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas,
en medio de los valles, manantiales;
transformaré el desierto en marisma
y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos, y olivares;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces,
para que vean y sepan,
reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho,
que el Santo de Israel lo ha creado.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,1.9.10-11.12-13ab

R/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad.

V/. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

V/. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,11-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor



La reflexión del padre Adalberto

El Señor quiere ofrecerle seguridades a su pueblo y disiparle sus temores en todas las épocas de la historia. Él es «redentor», es decir, liberador. El término hebreo (גֹּאֶל) traducido «redentor» es propio de las costumbres de la época; designaba al responsable de una acción legal por la cual se recobraban bienes enajenados, se liberaba a esclavos o cautivos, se vengaban asesinatos, o se contraía matrimonio con la viuda sin hijos de un pariente. Por tratarse de cautivos reducidos a esclavitud, en este caso su mejor traducción es «liberador», ya que el término «redentor» (del latín redemptor) implica pago de rescate, y no es ese el caso, ya que el Señor lo es del cielo y de la tierra, no se somete a nada (costumbres, convencionalismos) ni a nadie, es dueño de todo. Pero allí no termina su obra, él instaura un orden nuevo por medio de su «siervo», como una creación renovada, que hace habitable la tierra y grata la vida. Y así el Señor se manifiesta como «salvador». 

1. Primera lectura (Is 41,13-20): Promesa.

El Señor declara «siervo mío» (עַבְדִּי) a Israel y, a su vez, se declara él el «redentor» (גֹּאֶל) de Israel. La relación de siervo con el Señor entraña la confianza y la predilección de parte del Señor, y no propiamente la de amo a esclavo. Por su condición de Siervo del Señor, Israel es libre y liberador. En Isaías, particularmente, el «siervo» es la figura del perfecto discípulo del Señor, testigo de la fe israelita, víctima por los pecados del pueblo, luz de las naciones paganas (cf. Is 42,1-4; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). Israel no debe temer ante el convulso panorama internacional, porque el Señor es su «redentor» (protector del oprimido, liberador del pueblo) que lo toma de la mano y le brinda confianza y respaldo como un padre a su hijo pequeño; por eso no ha de sentir miedo ante los poderosos y opresores (caldeos o medos), aunque comparándose con ellos él se sienta como un gusano, o incluso como un conjunto de cadáveres.Verá el «día del Señor de los ejércitos» y el mismo pueblo será ejecutor de la victoria del Señor sobre los poderes opresores (cf. Is 2,12-15). La acción sobre los «montes» y las «colinas» (cf. Is 40,4) se entiende mejor en la polémica contra los altozanos, lugares de culto idolátrico opuestos al «monte del Señor». La supresión definitiva de dichos lugares, sugerida por la metáfora de paja aventada, promete la eliminación de esos cultos y la celebración posterior con el Santo de Israel.Finalmente, promete un nuevo éxodo en el cual el pueblo verá renovados prodigios: si Moisés sacó agua de la roca, el Señor promete alumbra ríos en las dunas para «los pobres e indigentes», transformar el desierto en un estanque hasta el punto de convertirlo en un renovado paraíso en donde, además de los cuatro surtidores de agua (ríos, manantiales, estanque y fuente: compárese con Gn 2,6.10-14), brotarán siete especies de selectos árboles (compárese con Gn 2,9: «toda clase de árboles hermosos…»).De esta forma manifestará «el Santo de Israel» su gloria ante los suyos y los paganos: dándoles libertad y vida abundante a «los pobres e indigentes», es decir, a los cautivos sometidos. 

2. Evangelio (Mt 11,11-15):

Cumplimiento.Jesús ha realizado acciones y ha hecho declaraciones que desconciertan incluso al mismo que ha venido preparándole camino. Juan se encuentra perplejo y manda a sus discípulos a preguntarle si es él el esperado o si hay que seguir esperando. Jesús hace un alto elogio de Juan, pero relativiza lo que él representa: «el último en el reino de Dios», es decir, el que sirve a los demás porque es libre para hacerlo, «es más grande que él», a quien Jesús declaró el más grande entre los nacidos de mujer. El Antiguo Testamento (la Ley) no logra seres humanos de la talla que logra el Nuevo Testamento (la gracia del Espíritu). Jesús no se refiere a la condición humana de hecho, como sí lo hace el Antiguo Testamento, por ejemplo: «el hombre nacido de mujer, corto de días y harto de pesares» (Job 14,1), sino a la nueva posibilidad que se abre para la humanidad en el «Reino de los Cielos», en que el ser humano es invitado a ser como Dios viviendo su amor universal en las relaciones sociales (cf. Mt 5,20.48).Pero hay un problema en relación con el reino de Dios: que los violentos quieren quitarlo de su camino, porque les incomoda. Hasta Juan, ese reino era una promesa, y todos lo aguardaban con ansias, porque se lo imaginaban como un derroche incondicional de poder por parte de Dios, un soberano guerrero que, en vez de «liberador», sería su «vengador»; pero cuando el precursor y Jesús exigieron la «enmienda», la ruptura con la propia injusticia, los responsables de la injusticia (los violentos círculos de poder: sumos sacerdotes, letrados y senadores) se declararon contrarios a él y se opusieron con todo su arsenal de represión.Mientras «los profetas todos y la Ley» fueron anuncio profético de liberación y salvación según la alianza, todos se manifestaron complacidos y de acuerdo, esperando que Dios cumpliera sus expectativas, no las promesas que él había hecho. Cuando se enteraron de que el cumplimiento de las promesas de Dios exigía su participación activa, manifestaron disgusto y desacuerdo.No obstante, la profecía que anunciaba que Elías vendría antes del Mesías se cumplió ya en la persona de Juan. Según las expectativas de los dirigentes, Dios haría volver en persona a Elías y deslegitimaría a los gobernantes de turno, como el profeta lo hizo con los reyes Ajab y Ocozías. Esta expectativa tenía un nuevo ingrediente, porque los paganos se habían instalado en la tierra prometida, los romanos ocupaban el país. Así que ellos esperaban que Dios los expulsara. Pero lo que Jesús afirma es que Juan vino con el mismo espíritu de Elías, y ellos no lo aceptaron. El cumplimiento de las promesas no se da con derroches de poder sino con la respuesta del ser humano a la invitación a la enmienda de vida (mensaje de Juan, reiterado por Jesús) y a la fe en el reinado de Dios Padre (exigencia de Jesús). Quien acepte vivir en la justicia y convivir en el amor (hijo de Dios, hermano universal) comprueba el cumplimiento de las promesas de Dios. Quien no, se alinea en la fila de los violentos que rechazan el reino.Celebrar la eucaristía y comer a la mesa del Mesías es anticipar el banquete del reino de Dios. Y esta celebración exige:• la rectitud personal y• el compromiso por una nueva sociedad.Esta celebración convierte en receptores y testigos de las promesas a quienes sí acogen a Jesús como «el que tenía que venir».Feliz jueves eucarístico y vocacional. 

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