La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-domingo

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario 

Color verde

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (11,25-29):

El Señor bajó en la nube y habló a Moisés; tomó parte del espíritu que había en él y se lo pasó a los setenta ancianos. Cuando el espíritu de Moisés se posó sobre ellos, comenzaron a profetizar, pero esto no volvió a repetirse. Dos de ellos se habían quedado en el campamento, uno se llamaba Eldad y otro Medad. Aunque estaban entre los elegidos, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu vino también sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento.
Un muchacho corrió a decir a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento.»
Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino diciendo: «¡Señor mío, Moisés, prohíbeselo!»
Moisés replicó: «¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18

R/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R/.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta de Santiago (5,1-6):

Vosotros los ricos, gemid y llorad ante las desgracias que se os avecinan. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos son pasto de la polilla. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y este óxido será un testimonio contra vosotros y corroerá vuestras carnes como fuego. ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días? Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos y ha sido retenido por vosotros está clamando y los gritos de los segadores están llegando a oídos del Señor todopoderoso. En la tierra habéis vivido lujosamente y os habéis entregado al placer; con ello habéis engordado para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, y ya no os ofrece resistencia.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48):

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»
Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

Palabra del Señor


Reflexión del día

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
El amor universal de Dios, manifestado en el ánimo incluyente de Jesús, se tropieza siempre con el exclusivismo de los Doce. Individualmente, rivalizan unos con otros; socialmente, esperan que su pueblo domine a los otros pueblos de la tierra. Jesús desautoriza ese exclusivismo y previene contra sus consecuencias en la convivencia social y en la vida individual.
El texto de hoy omite los versículos 44 y 46, que se encuentran en algunos manuscritos, adiciones posteriores que repiten sin necesidad el versículo 48, pero que la actual crítica textual rechaza.
Mc 9,38-43.45.47-48.
En este texto se pueden apreciar dos temas concatenados: una manifestación del sectarismo de los «discípulos», y unas advertencias de Jesús al respecto. El relato no indica cambio de lugar, los hechos parecen desarrollarse en «el hogar» en donde Jesús está con «los Doce», pero desaparece la figura del «chiquillo» y aparece la de un personaje anónimo que expulsa demonios.
1. Intolerancia de los Doce.
Los «discípulos» no manifestaron reacción alguna a la enseñanza que terminó proponiéndoles el «chiquillo» como modelo. Juan, uno de los hijos de Zebedeo, a quienes Jesús llamó «los Truenos» por su talante autoritario (cf. Mc 3,17), interrumpió dicha enseñanza para mostrar su intolerancia por el hecho de que alguien estuviera ejerciendo la misma actividad liberadora de Jesús sin haber admitido a los Doce como guías. Aunque llama a Jesús «maestro», ni se subordina a él ni acoge su enseñanza. Habla en plural, es decir, en nombre del grupo, y le informa al maestro que vieron a uno que, invocando el nombre de Jesús, expulsaba demonios. Esto significa que identificaron a ese como alguien que reconoce a Jesús y ayuda a otros a superar los fanatismos violentos que les impiden la autonomía y perjudican la convivencia. La razón por la cual los Doce intentaron impedirle su actividad, según Juan, es el hecho de que «no nos sigue a nosotros». Pero Jesús no ha pedido que sigan a otro distinto de él, por lo que se deduce que los Doce quieren poner una condición más al seguimiento: la adhesión a los valores del nacionalismo judío. Esto es más grave cuando se piensa que ellos mismos no han sido capaces de expulsar demonios (cf. Mc 9,28). Aun así, pretenden el monopolio sobre Jesús y prevalecer sobre los otros seguidores del mismo.
Jesús desaprueba ese afán de control y corrige la afirmación de Juan. El que actúa «con fuerza» (cf. Mc 6,5) lo hace porque tiene la «autoridad» que Jesús infunde (cf. Mc 3,15), el Espíritu Santo (cf. Mc 1,8), que es fuerza interior de liberación (la fuerza del amor). Así que la liberación interior de todo fanatismo violento no se hace «invocando el nombre» de Jesús, es decir, dirigiéndose a su persona (ἐν τῷ ὀνόματί), sino «actuando en su nombre» (ἐπὶ τῷ ὀνόματί), es decir, apoyándose en su persona, haciendo lo que Jesús mismo haría. Por tanto, el que estaba haciendo eso actuaba en unión con Jesús y se portaba como seguidor suyo, aunque no profesara la religión judía.
De ahí deriva Jesús un principio: La liberación humana es de interés suyo y de sus discípulos, el que trabaje a favor del ser humano ha de ser considerado favorable a Jesús. Él hace suyas todas las acciones desinteresadas a favor de la humanidad. Y así deben pensar sus discípulos. Los que trabajan por el bien del ser humano son aliados de Jesús y los suyos, no sus rivales.
2. Advertencias de Jesús.
Ahora mira Jesús las cosas desde afuera. Los que manifiesten simpatía a los discípulos porque se portan como Jesús, el Mesías que libera a los hombres, tendrán recompensa segura (cf. Mc 9,37), lo mismo que había dicho del «chiquillo». Si se identifican con él, serán portadores de bendición.
Pero si ponen tropiezo a los «pequeños» que le han dado adhesión a él, sea por rivalidad ansiosa de prestigio, o por ambición deseosa de dominio, generarán una frustración y un desencanto y provocarán así desconcierto en la comunidad de sus seguidores. En efecto, si los que entraron en la comunidad atraídos por el amor que los hace hermanos en el servicio mutuo se encuentran con esas disputas, pensarán que todo se quedó en palabras bonitas y terminó en decepcionantes hechos que los llevarán a abandonar la comunidad desilusionados. Eso sería peor que morir de asfixia en el fondo del mar y sin posibilidad de sepultura, la forma de muerte más temida por los judíos. Por eso, Jesús ahora se dirige al hipotético causante de esa decepción con tres exigencias valiéndose de imágenes extremadamente duras que sugieren la disposición a extirpar de sí mismo lo que se oponga al mensaje o le ponga obstáculos a los que quieren creer en él.
La «mano» sugiere la propia actividad. Si esta es contraria a la de Jesús, perjudica a su autor y a los demás. «Cortarse la mano» equivale a interrumpir esa actividad dañina. «Entrar en la vida» es lo mismo que entrar en el reino en busca de la propia plenitud. El «quemadero» se refiere al lugar en donde se quemaba la basura de Jerusalén, lo que sugiere la aniquilación definitiva. El «pie» se relaciona con el «camino», o sentido de la vida. Apartarse del camino del Señor es perdición para quien lo haga y para quien lo siga. «Cortarse el pie» es apartarse de ese camino, para no ser echado al quemadero como basura. El «ojo» simboliza los deseos y las aspiraciones del ser humano, su escala de valores, el norte su actividad y la opción por su camino. «Sacarse el ojo» es equivalente a arrancarse los deseos y aspiraciones que lo apartan de Dios. El quemadero aparece ahora con un «gusano que no muere» y un «fuego que no se apaga» (cf. Is 66,24), los dos modos de arruinar la vida humana: la corrupción y la quema. Son imágenes que se complementan, pero físicamente  se excluyen, y que persisten para cumplir su cometido destructor.
Por otro lado, «salarse con fuego» implica evitar la corrupción incinerando lo que la provoca. Es decir, se trata de que cada uno haga de las recomendaciones anteriores una disciplina constante para ser fiel a Jesús y a su mensaje.
Una vez aceptado el amor universal de Dios, el cristiano no requiere una regulación exterior a sí mismo para ser fiel a ese amor. El mismo Espíritu Santo, que le hace sentir ese amor del Padre, se convierte en su criterio y norma de conducta para saber cómo conducirse. La autodisciplina es signo de madurez espiritual, porque revela compromiso con Jesús, su obra y su mensaje.
Las comunidades cristianas tienen la honrosa misión de llevar a sus miembros a esa madurez, y sus asambleas dominicales la cultivan y afianzan con el pan de la Palabra.
¡Feliz día del Señor!
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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