La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-domingo

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Foto: Pïxabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

I Domingo de Adviento. Ciclo C

Color morado

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (33,14-16):

YA llegan días
—oráculo del Señor—
en que cumpliré la promesa
que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.
En aquellos días y en aquella hora,
suscitaré a David un vástago legítimo
que hará justicia y derecho en la tierra.
En aquellos días se salvará Judá,
y en Jerusalén vivirán tranquilos,
y la llamarán así:
“Es Señor es nuestra justicia”.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 24

R/. A ti, Señor, levanto mi alma

V/. Señor, enséñame tus camino,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

V/. El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

V/. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,12–4,2)

Hermanos:
Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.
Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguir adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21,25-28.34-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

I Domingo de Adviento. Ciclo C.
Este tiempo litúrgico tiene un nombre de particular significación. En latín (adventus) y en griego (παρουσία) significa «llegada» o «venida». Para tener una visión panorámica de su significado, baste recordar que el reinado de Dios (ἡ βασιλεία τοῦ θεοῦ) tiene dos etapas:
• La etapa «histórica» (o reinado del Hijo del Hombre, según Mateo), que consiste en el anuncio de la buena noticia y la formación de comunidades misioneras encargadas de realizar en la historia el designio del Padre viviendo y proponiendo los valores que Jesús encarna.
• La etapa «poshistórica» (o reinado del Padre, según Mateo), que consiste en la plenitud de vida para los que sean hallados dignos de la vida futura, incluyendo el hecho de heredar la condición divina, para reinar con el Padre y su Hijo y contribuir a la salvación de la humanidad.
Las venidas o llegadas del Hijo del Hombre se dan a lo largo de la historia humana de tres formas:
• «En carne». Llegada única, la que aconteció históricamente en Belén, que se conmemora cada año en Navidad, conmemoración que se prepara durante el tiempo de Adviento.
• «En gloria». Llegada múltiple o reiterativa, la que se cumple cada vez que, por la propuesta de la buena noticia, se derrumba un orden social injusto y se abre paso una nueva etapa de la historia.
• «Con fuerza». Llegada permanente, la que se realiza como respuesta a la fe individual, por la cual el Señor infunde su Espíritu y actúa con potencia vivificadora en la vida del cristiano.
En Adviento preparamos la conmemoración de la venida en carne, por la fe nos abrimos a la venida con fuerza (sobre todo en los sacramentos) y, así, nos vamos preparando para cada venida en gloria que nos toque presenciar a lo largo de nuestra existencia terrena.
Lc 21,25-28.34-36.
El texto de este domingo anuncia la venida gloriosa del Hijo del Hombre y exhorta a la vigilancia para discernir esa venida manteniendo distancia con respecto del mundo injusto.
1. La venida gloriosa del Hijo del Hombre.
La persecución desatada contra los que encarnan los valores humanos del Hijo del Hombre será consecuencia de la injusticia reinante en las sociedades paganas, y causa del desplome del sistema de valores de esa sociedad, al mismo tiempo que momento oportuno para la liberación de todos los seguidores del Hijo del Hombre.
El término «señal» (σημεῖον) es clave para interpretar este anuncio. En tanto que los fariseos (cf. Lc 11,16) y Herodes (cf. Lc 23,8) la entienden como una demostración de poder, Jesús la presenta como una manifestación del amor universal de Dios (cf. Lc 11,29). El plural, «señales», significa el poder devastador de las guerras entre naciones (cf. Lc 21,11), o las manifestaciones liberadoras y salvadoras del nuevo éxodo encabezado por el Mesías (cf. Hch 2,19).
Jesús anuncia, pues, que el nuevo éxodo liberará a los hombres del panteón pagano («sol, luna, estrellas») y provocará la conmoción de los regímenes sociopolíticos de las naciones («estruendo del mar, oleaje»), con la resultante confusión de «los hombres» que se apoyaban en esos sistemas de convivencia injusta. El desplome de su «mundo» de valores afectará sus seguridades religiosas («las potencias del cielo vacilarán»).
Entonces se verificará la «llegada» del Hijo del Hombre en su condición divina («en una nube»), mostrando su capacidad de dar vida («con gran potencia») y revestido de verdadera realeza («con gloria»), en contraste con las falsas divinidades, las potencias de muerte y los reyes despóticos. Al mismo tiempo, la ruina de ese orden sociopolítico inicuo implica la reivindicación de los suyos («pónganse derechos, levanten la cabeza»), quienes no tienen por qué sentir pánico (cf. Lc 21,9), ya que día y noche habían gritado pidiendo justicia frente a ese «adversario» (cf. Lc 18,1-8): ahora es el día de su liberación. La llegada del Hijo del Hombre los asocia a su triunfo.
2. Exhortación a la coherencia de vida.
Los seguidores del Hijo del Hombre han preparado el día de su llegada anunciando su mensaje y pidiendo el fracaso de todo sistema opresor; y se han preparado a sí mismos ateniéndose a las condiciones del seguimiento: libre y voluntariamente rompieron con el orden social injusto, y con serenidad y alegría sobrellevaron día tras día las consecuencias de esa ruptura (cf. Lc 9,23).
Sin embargo, necesitan asegurarse de que esa opción no se quedó en el pasado, que la rutina no les esté embotando la mente («el corazón») con la intemperancia, la inconsciencia y la codicia (cf. Lc 8,14) que los llevarían a desentenderse del reinado de Dios (cf. Lc 12,29-31). Esa llegada del Hijo del Hombre siempre será repentina, porque así se precipitan los procesos históricos. Si sus seguidores no ejercen en sus vidas el señorío de Jesús con la fuerza del Espíritu Santo, si se dejan arrastrar por los usos y las costumbres de la sociedad mezquina, si caen en el individualismo y el egoísmo, se integran al sistema inicuo y, cuando llegue el Hijo del Hombre, estarán en donde no debieran estar. Por eso requieren un triple empeño: mantenerse activos en el amor («ahuyentar el sueño»), orar para mantenerse lúcidos y resistir («pedir fuerzas en cada momento»), y esperar confiadamente la llegada de su Señor para vivir en su presencia (cf. Lc 12,40.43-44).
El comercio nos ha desdibujado el Adviento, porque sólo le interesan las ventas. A nosotros nos toca rescatar el sentido de este tiempo, sin el cual las celebraciones navideñas apenas alcanzan a la categoría de efemérides culturales. Sin un Adviento intensamente vivido, las celebraciones de la Navidad no llegan a ser venida con fuerza del Señor en nuestras vidas.
Si nos dejamos absorber por el consumismo irresponsable, al final sentiremos el vacío de quien desperdició una preciosa oportunidad. Y si nos dejamos convencer de que ese consumismo le da culto a Dios y les expresa amor a las personas, habremos permitido que nos cambien nuestra fe por una idolatría. Al contrario, nuestra misión es cambiar este orden que da prioridad a cosas para poner en primer lugar el valor de las personas.
Que nuestras comunidades preparen cristianos para celebrar la Navidad con la responsabilidad de quienes cumplen el encargo de transformar este mundo en reino de Dios.
¡Feliz día del Señor!
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page

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