El mensaje de la Iglesia: «Un político decente no se permite masificar ni manipular a la gente»

Padre Adalberto Sierra Severiche, vicario general de la Diócesis de Sincelejo.
Angeles

La firma del Pacto por la No Violencia en la Campaña Electoral, que tuvo lugar este lunes 9 de septiembre en el municipio de San Pedro, incluyó un vehemente mensaje de la Iglesia católica a los candidatos.

Lo pronunció el padre Adalberto Sierra Severiche, vicario general de la Diócesis de Sincelejo, quien recordó a los aspirantes que, más que palabras, la gente requiere de hechos.

«El lenguaje «políticamente correcto» se divorció hace tiempo del lenguaje «lingüísticamente correcto» para recurrir a unos desdoblamientos innecesarios con el fin de dar la impresión de inclusión, igualdad y equidad. Permítanme apartarme de esa impresión, porque la inclusión, la igualdad y la equidad no son cuestión de palabras sino de hechos».

El presbítero consideró que la política no es para hacer obras, sino para hacer historia y que el cometido de los políticos no es resolverles los problemas de subsistencia, educación y protección a los ciudadanos, sino trabajar por una sociedad en la que tengan solución todos esos problemas.

«Por eso, no es acertado decir que ustedes están proponiéndoles sus nombres a la ciudadanía para que ella escoja el nombre que prefiera. Ustedes están proponiendo caminos para hacer historia y hasta para cambiar el rumbo de la historia, y la historia la hacen los pueblos, no los caudillos. Ustedes –quiéranlo o no– le están proponiendo a la ciudadanía un determinado modelo de sociedad que, más allá del lenguaje, se revela incluyente o excluyente, equitativo o inequitativo, igualitario o injusto. Y eso es lo que los ciudadanos deben determinar con suficiente ilustración».

Sierra aseguró que, al proponer caminos, los políticos se hacen responsables de la esperanza de sus pueblos, «más allá de los legítimos intereses de sus respectivos partidos y movimientos».

«Los asuntos que maneja la política son de la mayor importancia, y por eso su manejo requiere de manos expertas y mentes abiertas, personas desprendidas y generosas que sean capaces de interpretar las verdaderas necesidades de sus colectividades y de dar respuestas acertadas a las aspiraciones de su pueblo».

Los enemigos de la política

La Iglesia fue directa al señalar de lo que los malos políticos suelen echar mano: la indigencia y la ignorancia de las mayorías, a las que llamó «enemigos» de la política.

«Estos enemigos permiten la masificación de la ciudadanía y facilitan su manipulación. La indigencia presiona a los ciudadanos hasta extremos indignos y vergonzosos; la ignorancia los conduce al engaño y al desacierto. Un político decente no se permite masificar ni manipular a la gente. Porque, si lo hiciera y resultara elegido, trataría a los ciudadanos como súbditos, y los reprimiría con violencia a la primera manifestación de inconformidad de parte de ellos».

Por último, llamó al respeto por el que piensa diferente como muestra de ser civilizado.

«Tenemos ante nosotros la oportunidad de presentar esta campaña electoral y sus protagonistas como una campaña ejemplar, que sirva de modelo para las futuras. No podemos permitirnos ser mediocres en unas circunstancias históricas como estas, que exigen grandeza de alma, dada la profundidad de la degradación que enfrentamos».

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