Recursos de fe para este martes 7 de agosto

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Foto tomada de Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra diaria

Martes de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

surtigas 2

San Sixto II, papa, y compañeros mártires; o san Cayetano, presbítero. Memoria libre

Colores verde, o rojo, o blanco

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (30,1-2.12-15.18-22):

Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: «Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así.» Así dice el Señor: «Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? –oráculo del Señor–. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,16-18.19-21.29 y 22-23

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión, 
y aparezca su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. 
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» 
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. 
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra
Martes de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El conjunto formado por los capítulos 30-33 se ha denominado «el libro de la consolación». El hecho de que estos oráculos debían transmitirse «por escrito» y no de viva voz es indicio de que eran destinados a unos lectores, no a un auditorio, sino a una generación de tiempos futuros. Como eran oráculos de gracia, y no de desgracia, debían ser conservados hasta verificar que se les diera cumplimiento (cf. Jr 28,9).
Estamos entre los años 627-622. Según los especialistas, el presente oráculo ha sido reelaborado a partir de uno anterior dirigido inicialmente al reino del Norte, y adaptado después de la deportación de los judíos a Babilonia para abarcar los dos reinos con la misma promesa.
Jr 30,1-2.12-15.18-22.
El profeta reitera un oráculo de restauración (cf. Jr 29,14). Israel y Judá, hermanos en la desgracia, lo serán también en la gracia. Habla con metáforas («fractura», «herida») para dar a entender que el fracaso del pueblo es como una enfermedad que lo priva de la vida, y de la cual ni el pueblo mismo ni sus antiguos aliados lo pueden «curar». Es un enfermo abandonado. El pecado del pueblo (su injusticia) no tiene «cura» por parte de ellos.
A la metáfora de la enfermedad le sigue la del «adulterio», es decir, la idolatría. Los «amantes» de Israel y Judá son sus aliados políticos, lo que alude a la idolatría del poder, el hecho de poner la confianza en el poder de otros reinos, los cuales tienen intereses, no amigos, y por eso se olvidan de sus aliados y los abandonan cuando el feroz imperio de turno los somete.
El Señor promete «cambiar la suerte» de su pueblo, por pura compasión. «Cambiar la suerte» es un tema recurrente (cf. Dt 30,3; Ez 16,53; 29,14; 39,25; Os 6,11): cambian la suerte del pueblo y la de sus enemigos. En este oráculo el Señor anuncia el cambio de la suerte del pueblo, cambio que consiste en el paso de la desgracia a la gracia:
• Anuncia la reconstrucción de la ciudad y la restauración de la monarquía.
• Les promete que volverán a celebrar allí sus fiestas religiosas.
• Asegura que, en vez de menguar, esa población reducida a un resto volverá a crecer en número.
• Advierte que el nuevo jefe será nativo, no extranjero (evita el término «rey»). Y
• Renueva la alianza en los términos ya convencionales (cf. Jr 31,1,33; 32,38).
Un «oráculo de gracia» implica la curación del pueblo, por tanto, el perdón de sus pecados. Esto entraña la compasión del Señor, que restablece la relación con su pueblo (la «alianza») por pura fidelidad a su promesa. Eso es lo que le da firmeza a este oráculo y lo que garantiza que se va a cumplir.
Esta metáfora de enfermedad-curación plantea con hondura la cuestión, porque hacer ver que:
• la alianza (relación) con Dios es asunto de vida, no de mera opción religiosa,
• al romper la alianza, el pecado causa la muerte, no es una mera «mancha»,
• la recuperación de la vida está fuera del alcance humano, es don de Dios (no así la recuperación de la salud, que sí está al alcance humano),
• la «curación» es metáfora de la acción salvadora de Dios, que perdona y devuelve la vida.
Cuando Jesús nos envía a «curar» no es a ejercer alguna suerte de medicina (es cierto que tenemos que preocuparnos por la salud de las personas, pero para eso nos dio la ciencia), sino a hacer presente la acción salvadora del Padre a través de nuestro amor compasivo. Por eso es necesario estar lleno del Espíritu Santo para cumplir esta misión, porque solo si nos anima el Espíritu podremos «curar», es decir, transmitir ese amor del Padre que da vida y elimina el pecado.
En la eucaristía recibimos ese amor a través de la entrega de Jesús, y somos capacitados para darlo gratuitamente a los demás a través de nuestra entrega personal, a ejemplo de la de Jesús.
Feliz martes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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