Recursos de fe para este lunes 27 de agosto

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra diaria

Lunes de la XXI semana del Tiempo Ordinario. Año II

Santa Mónica. Memoria obligatoria

Color blanco

Primera lectura

Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,1-5.11b-12):

Pablo, Silvano y Timoteo a los tesalonicenses que forman la Iglesia de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos; y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente, y vuestro amor, de cada uno por todos y de todos por cada uno, sigue aumentando. Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios, viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las persecuciones y luchas que sostenéis. Así se pone a la vista la justa sentencia de Dios, que pretende concederos su reino, por el cual bien que padecéis. Nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,1-2a.2b-3.4-5

R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,13-22):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»? ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga.» ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.»

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra
Lunes de la XXI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Aunque los estudiosos dudan de la autenticidad paulina de esta carta, la Iglesia jamás ha dudado de su inspiración divina. El parentesco fraseológico con la primera carta parece hermanar ambas cartas. Una decena de términos de la segunda carta no está en ninguna de las otras de Pablo, y los términos comunes no tienen el mismo sentido en algunos casos. La enseñanza acerca de la venida del Señor, de sus señales precursoras –en 1Ts él niega que las haya; en 2Ts se dan algunas– y de su descripción. Con razonable probabilidad, se trata de un imitador del estilo de Pablo que apeló a su autoridad para corregir una falsa y peligrosa interpretación de la espera del Señor.
2Ts 1,1-5.11b-12.
El fragmento que hoy se propone consta de la introducción de la carta (1,1-4), el primer versículo de la exposición inicial del mensaje central de la carta («la venida del Señor») y los dos últimos versículos de dicha exposición (1,5.11b-12).
1. Introducción.
Los remitentes de esta carta son los mismos de la primera (cf. 1Ts 1,1). La mención de Silvano (o Silas) y Timoteo solo completa el trío de autoridades; Silvano no acompañó a Pablo después de que este estuvo en Corinto, Timoteo sí lo acompañó hasta más tarde (cf. Hch 18,5; 19,22).
La carta se dirige también «a los que en Tesalónica forman la Iglesia de Dios nuestro Padre y del Señor, Jesús Mesías» (cf. 1Ts 1,1), aunque el saludo tiene una ligera variación: «Les deseamos el favor y la paz de Dios Padre y del Señor, Jesús Mesías». El «favor» es el don del Espíritu Santo, y «la paz» es la armonía con Dios y entre los miembros de la Iglesia a causa de ese don.
La acción de gracias difiere también ligeramente en relación con la carta anterior. Allí recordaba la actividad de la fe, el esfuerzo del amor y el tesón de la esperanza de los tesalonicenses; ahora, en cambio, se refiere solo a la fe creciente, al amor incluyente y a la persecución que padecen los destinatarios de la carta, persecución agobiante que no logra menguar su fe. No menciona ya la esperanza, basada en la espera de la vuelta del Señor «desde el cielo» (cf. 1Ts 1,10).
2. La venida del Señor.
No obstante, los sufrimientos padecidos por el reino de Dios implican una sentencia favorable a las víctimas (el «alivio») y contraria a los victimarios (la «aflicción»), porque Dios es justo, y no tolera la opresión. Se observa que el autor se refiere al reino futuro (después de la muerte), o sea, a la vida inmortal, no al reino presente, lo que permite suponer que se dirige a las víctimas de una persecución mortal, porque la forma en que a continuación describe la venida del Señor (cf. vv. 6-10) hace abstracción de los sobrevivientes, y la condenación de los que se oponen a la buena noticia está en unos términos que no usan Pablo ni el resto del Nuevo Testamento (cf. Mc 13,24-37; Rm 12,17-21).
El problema abordado en esta carta permanece actual. Como quiera que las comunidades hayan entendido «el día del Señor», o «la venida del Señor», este acontecimiento no puede causar temor o irresponsabilidad en los cristianos. El autor de la carta, un «letrado» cristiano, imbuido de las enseñanzas de Pablo, apeló a la autoridad del apóstol para dejar sin piso la alarma y llamar a los cristianos al orden responsable. Hay que vigilar diariamente, sí, pero con esperanza en el Señor.
Hay también el riesgo de que algunos exaltados adulteren el mensaje de las Escrituras e inquieten injustificada e innecesariamente a las comunidades. El «día del Señor» o su «venida gloriosa» no implica destrucción, sino restauración del orden querido por Dios. Este es el sentido profundo de la historia desde la perspectiva cristiana.
Cada vez que celebramos la eucaristía el Señor viene, y no a aniquilar, sino a darnos vida. Somos nosotros los que aniquilamos nuestras injusticias para recibirlo como es debido.
Feliz lunes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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