Recursos de fe para este jueves 9 de agosto

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Foto: Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Jueves de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

surtigas 2

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edit Stein), virgen y mártir. Memoria libre

Color verde o rojo

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 2, (16b.17b.21-22)

Yo la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón.
Desde allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.
Yo estableceré para ellos, en aquel día una alianza con los animales del campo, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra; extirparé del país el arco, la espada y la guerra, y haré que descansen seguros.
Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Salmo (44, 11-12.14-17)

Señor, tú nos hiciste retroceder ante el enemigo
y nuestros adversarios nos saquearon.
Nos entregaste como ovejas al matadero
y nos dispersaste entre las naciones. R.

Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos,
a la risa y al escarnio de los que nos rodean;
hiciste proverbial nuestra desgracia
y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo. R.

Mi oprobio está siempre ante mí
y mi rostro se cubre de vergüenza,
por los gritos de desprecio y los insultos,
por el enemigo sediento de venganza. R.

Evangelio de hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (25, 1-13)

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’.
Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’,12 pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Palabra del Señor


Reflexión de la Palabra

Jueves de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
El «cambio de la suerte» del pueblo que promete el Señor es para todos los integrantes del «resto», de lo que quedó del pueblo, incluidos los excluidos («ciegos y cojos, preñadas y paridas»), con consuelo para Raquel, que llora por sus muertos, para Efraín, que reconoce haber escarmentado, para Israel, «muchacha esquiva». Volverán a sentirse bendecidos y esta bendición multiplicará la vida; el celo que los diezmó se tornará celo vigilante y protector. 
Entonces, cada uno responderá por sus acciones, nadie lo hará por las ajenas (cf. Jr 31,1-30).
La elección del pueblo nunca ha estado en cuestión, porque es iniciativa de Dios por puro amor. Pero la alianza se ha roto varias veces por infidelidad del pueblo. Dios ha anunciado los tiempos de hacer una nueva alianza, y ahora explica cuál será la novedad de esa alianza.
Jr 31,31-34.
El profeta declara que se aproximan los días en que el Señor renovará su relación (alianza) con el pueblo, con Israel y Judá (los dos reinos), que son los beneficiarios. El Señor descarta la idea de restaurar la anterior, porque esa, la pactada con ellos cuando los sacó de Egipto, fue rota por el pueblo, aunque él la mantuvo. La nueva alianza, anunciada para «aquel tiempo futuro» tendrá sus propias características:
• La Ley ya no estará escrita en losas de piedra, sino en los corazones (pasa de exterior a interior). Esto entraña la superación del fallido intento del rey Josías, que quiso restaurar la alianza a través de sus reformas religiosas. El Señor va más allá: no hay reforma sino renovación. Y esta no radica en la divulgación ni en la actualización de la Ley, sino en la convicción de cada creyente. Esto es lo que significa pasar la Ley del exterior al interior («corazón») del israelita.
• El Señor será el único Dios reconocido por el pueblo (descarte de la idolatría). La mención de Egipto vuelve a recordar que el rescate no solo fue de las manos del faraón, sino que este usaba los ídolos como legitimadores de la opresión, explotación y humillación a las que los sometió en todo el tiempo que los mantuvo como esclavos. La opción por el Señor como único Dios habrá de verificarse en la convivencia entre ellos: no habrá opresión, ni explotación, ni exclusión.
• La experiencia del Señor, patrimonio de cada uno, no será «enseñada», será directa y personal. El «conocimiento» del Señor no será ya objeto de «enseñanza», sino de una experiencia personal que estará al alcance de todos, «del más chico al más grande». Conocer al Señor no será más un privilegio de «letrados» (en ambos sentidos: alfabetizados o profesionales de la Ley), porque los «iletrados» también son objeto de su amor y capaces de responder a ese amor.
• Y esa experiencia tendrá fundamento en la liberación interior, el perdón de los pecados. Egipto fue una experiencia de esclavitud exterior, que no logró suprimir el ansia de libertad fundada en la promesa ni la esperanza en esa promesa. Pero en la tierra prometida comprendieron que había una forma de esclavitud superior, la interior, la del pecado. Al perdonarles el Señor «su culpa y su pecado» les da a conocer a todos la más sublime libertad, la interior.
Esta profecía es lo más parecido que hay en el Antiguo Testamento a la propuesta de Jesús. En efecto, «la ley escrita en los corazones» es una metáfora de la acción del Espíritu Santo en el creyente. El reconocimiento del amor de Dios como Padre de todos, en la cruz de Jesús, lleva a una experiencia personal de ese amor que libera y salva, y rescata para siempre de la idolatría. Y esa liberación comienza por dentro, es «el perdón de los pecados», que lleva a la experiencia de una vida de calidad insuperable.
En la eucaristía recibimos el cuerpo del Mesías entregado por nosotros, y somos bañados con su sangre derramada por todos, signos sacramentales del amor que nos ama y nos hace capaces de amar del mismo modo.
Feliz jueves eucarístico y vocacional.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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