La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-sábado

Foto: Pixabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Fiesta de San Bartolomé, apóstol

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14):

El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.»
Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y la majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51):

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor


La reflexión del padre Adalberto, nuestro vicario general

24 de agosto.
San Bartolomé, apóstol.
 
Bartolomé es mencionado en las cuatro listas de los nombres de los apóstoles (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,14; Hch 1,13; griego Βαρθολομαῖος). Su nombre no aparece en Jn, que tampoco da la lista de los Doce. En cambio, en Jn aparece Natanael, que no es mencionado en los sinópticos. El nombre es un patronímico arameo (בַּר טַלְמַי: «hijo de Tolomeo», que equivale a un apellido). Desde el siglo IX se lo relaciona con Natanael (hebreo: נְתַנְאֵל: «Dios ha dado», este sí nombre) uniéndolos (el nombre sería: Natanael Bartolomé). Esto último tiene solo valor conjetural, no se basa en testimonios históricos.
 
1. Primera lectura (Ap 21,9b-14).
La Iglesia es, a la vez, novia y esposa del Cordero, la ciudad cuya existencia es alternativa a la de la «gran prostituta», la ciudad idólatra e injusta. Por eso, la Iglesia es señalada como venida del cielo, de parte de Dios por los ángeles ejecutores de las plagas contra «la gran prostituta».
La Iglesia solo se puede admirar desde «la cima de un monte alto» (o sea, con la ayuda de una excepcional revelación de parte de Dios), y, aunque es llamada con el nombre de Jerusalén, en nada se parece a ella (el autor se inspira en Ez 48,30-34). Su brillo refleja la gloria de Dios; su muralla grande y alta es signo de protección divina; sus doce puertas, dirigidas de a tres por cada uno de los puntos cardinales, son indicio de su apertura universal. Los doce ángeles, a diferencia de los querubines de Gn 3,24, garantizan el acceso a Dios. La mención conjunta de las doce tribus con la de los doce apóstoles muestran la unidad de la historia –pasada y presente– y el cumplimiento de la promesa de Dios. Pero es importante subrayar el carácter «basilar» de los doce apóstoles del Cordero.
 
2. Evangelio (Jn 1,45-51).
El encuentro con Jesús suscita la tarea misionera, porque es imposible guardar para sí semejante experiencia. Hay que darlo a conocer. Y esto se hace movido por el amor a Jesús y el amor a la humanidad. Felipe fue llamado y a su turno buscó a Natanael.
Natanael resulta ser escéptico, pues los hechos recientes lo llenan de prejuicios: de Galilea han surgido muchos grupos de fanáticos con pretensiones de tipo mesiánico. Felipe lo invita a hacer por sí mismo lo experiencia («ven a verlo»). No es cuestión de teoría, sino de praxis.
Natanael se encuentra con que Jesús lo conoce, y, además, le asegura el amor y la libre elección de Dios («Antes que te llamara Felipe… me fijé en ti»: cf. Os 9,10 LXX). Este es un encuentro que despierta en él un gran entusiasmo, y se adhiere a Jesús de un modo distinto al de Felipe (cf. v. 45 con v. 49), pero con la misma idea de fondo: ambos ven a Jesús a la luz de su tradición religiosa sin advertir que en él Dios se revela con nueva luz. Esto lo irán aprendiendo en el camino del seguimiento.
Por eso Jesús le anuncia que la elección y el amor del pasado no son lo máximo, que habrán de ver «cosas mayores». El «cielo» (Dios) será plenamente accesible («abierto») por medio de él («el Hijo del Hombre»), que será «el camino» para ir al Padre (cf. Jn 14,6).
 
La Iglesia católica es «apostólica» en sus orígenes, en sus ministerios capitales y en cada uno de sus miembros. Por eso se dice que la Iglesia se edifica sobre el fundamento de los apóstoles, que los obispos son sucesores de los apóstoles, y que los laicos hacen su «apostolado» en el mundo. Las fiestas de todos los apóstoles son una oportunidad para crecer en la comprensión de nuestra apostolicidad.
El apóstol es, ante todo, discípulo de Jesús. Sale del mundo real, es decir, de entre los prejuicios sociales por la libre y amorosa elección de Dios. Es, además, un predestinado a ver en la cruz el cumplimiento de la promesa de Dios a favor de toda la humanidad. El apóstol anuncia, construye y contempla la nueva ciudad de Dios, incluyente y cimentada sobre las promesas cumplidas. Toda ella está llena de la presencia de Dios. La Iglesia, y cada comunidad eclesial es «apostólica» por ser construcción de apóstoles para el apostolado (misión universal). Bartolomé nos recuerda que la esencia de la vocación apostólica es el llamado amoroso de Dios, y la tarea es construir la ciudad de Dios para todos.
En esa línea apostólica estamos insertos por la fe, el Espíritu Santo, el amor entre hermanos, el mensaje, los sacramentos (particularmente la eucaristía), en una palabra: el amor del Padre.
Feliz fiesta.

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