La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-sábado

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Foto: Pïxabay.
Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Sábado de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I

surtigas 2

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,1-10):

Toca presumir. Ya sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo? Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso y oyó palabras arcanas, que un hombre no es capaz de repetir. De uno como ése podría presumir; lo que es yo, sólo presumiré de mis debilidades. Y eso que, si quisiera presumir, no diría disparates, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que se hagan una idea de mí sólo por lo que ven y oyen. Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,8-9.10-11.12-13

R/.
 Gustad y ved qué bueno es el Señor

El ángel del Señor acampa 
en torno a sus fieles y los protege. 
Gustad y ved qué bueno es el Señor, 
dichoso el que se acoge a él. R/.

Todos sus santos, temed al Señor, 
porque nada les falta a los que le temen; 
los ricos empobrecen y pasan hambre, 
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/. 

Venid, hijos, escuchadme: 
os instruiré en el temor del Señor; 
¿hay alguien que ame la vida 
y desee días de prosperidad? R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor

La reflexión del padre Adalberto
Sábado de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.
 
Los «super apóstoles» presumían de extraordinarias visiones y revelaciones. Pablo garantiza de entrada que con eso no se saca nada, pero que él también puede aducir algunas. Sin embargo, es conveniente fijarse en el contraste que él establece entre las «visiones» y sus «debilidades».
Ante todo, la «revelación» consiste en descubrir lo que está oculto. Ese carácter de «oculto» no implica lo «esotérico», sino la incapacidad personal para conocer lo que se revela, dado que la «revelación» se da por experiencia, y no por mera información. Jesús es el revelador del Padre porque lo explica con su vida, sus obras y su mensaje. De las «visiones», en cambio, se puede hablar hasta cierto punto, porque se trata de una intuitiva toma de conciencia de una revelación de Dios que se transmite con sugestivas representaciones de valor convencional en una cultura determinada. El contenido de la «visión» es inefable en términos propios, en tanto que el de la «revelación» es, de suyo, comunicable y transmisible, tanto por el testimonio como por la palabra. Puede entenderse la «visión» como un recurso retórico para transmitir la revelación, semejante a las metáforas, las alegorías o las parábolas.
 
2Co 12,1-10.
Reconocerse beneficiario de «visiones y revelaciones del Señor» y, advertir al mismo tiempo que con presumir de ellas «no se saca nada», implica que ambas son accesibles a cualquier creyente, que, por lo tanto, no sirven como criterio para diferenciar a unos creyentes de otros, y tampoco para estratificarlos por rangos. Por eso, «no se saca nada» presumiendo de ellas. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que Pablo distingue netamente el suceso del camino de Damasco, o sea, la aparición del resucitado (cf. Hch 9,3-9; 1Cor 9,1; 15,8), de sus visiones (cf. Hch 9,10; 16,9-10; Hch 18,9; 22,17-18; 23,11) y de las revelaciones (cf. 1Cor 2,10; 14,30; Gal 1,16; Fil 3,15) que él y otros cristianos pudieran tener. De hecho, la expresión «yo sé de un cristiano…» para referirse a su propia experiencia denota cierto pudor para hablar de sí mismo.
1. Declara que, recién convertido («hace catorce años»), tuvo su primera experiencia mística. Se remonta hacia los años 42 o 43, durante su estancia en Cilicia o en Antioquía. Esas experiencias se describían como una ascensión a través de «cielos» (o niveles de aproximación a Dios), de los cuales en la concepción judía se contaban hasta diez. El paraíso se situaba en el «tercer cielo». Él dice haber subido hasta el tercero y, por eso, haber tenido una muy elevada experiencia mística («fue arrebatado al paraíso») y haber recibido revelaciones muy secretas («oyó palabras arcanas») e inefables. Desde los tiempos de Ezequiel (cf. Ez 3,12), el verbo «arrebatar» (ἀρπάζω) se volvió convencional para referirse al arrebato místico (o «éxtasis») de los profetas. La experiencia en sí es indescriptible («con cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo? Dios lo sabe»).
2. Aunque dice que podría presumir «de uno como ese» renuncia a hacerlo. Él podría alardear de tal tipo de experiencias, y «no sería un insensato, estaría diciendo la pura verdad». Esta glosa sugiere que los «super apóstoles» pueden estar presumiendo de visiones y revelaciones ficticias con el secreto propósito de hacerse admirar, de distinguirse, y así generar la desigualdad que les permita dominar las personas y las comunidades. Pablo renuncia a presumir de sus experiencias místicas porque no son verificables ni demostrables: («lo dejo, para que nadie me tenga en más de lo que puede sacar viéndome u oyéndome»). Él prefiere que la gente se atenga a lo sensible, al trato directo con él en persona, o sea, a lo que pueden verificar por su propia observación. Hay mucha diferencia entre la propaganda de sí mismo y el escrutinio de la gente.
3. Por eso, prefiere presumir de lo que él llama sus «debilidades» (o sea, de sus limitaciones). Las experiencias místicas, en razón de su carácter extraordinario, podrían ser motivo de orgullo. En cambio, sus limitaciones lo hacen aterrizado y cercano a los demás humanos. Pablo habla de una «espina en la carne» (σκόλοψ τῇ σαρκί), que puede entenderse como una enfermedad crónica, de ataques agudos e imprevisibles, o de aspecto desagradable (cf. Gal 4,13-15), o como la resistencia de sus hermanos de carne y sangre, o, en general, las penas y fatigas de la misión. Pero también se refiere a lo mismo hablando de «un emisario de Satanás» (ἄγγελος Σατανᾶ) que lo maltrata. El hecho de que, al hablar de los «super apóstoles» («apóstoles falsos, obreros tramposos») diga que Satanás se mimetiza como «ángel de la luz» puede llevar a pensar que este «emisario de Satanás» sea una personificación de esos falsos apóstoles. Si bien el verbo «maltratar» es el mismo que se usa para describir los atropellos de los soldados a Jesús (cf. Mt 26,67; Mc 14,65), Pablo lo usa en referencia a los malos tratos que reciben los apóstoles en misión (cf. 1Cor 4,11), aludiendo a los rudos ataques de los gladiadores, que a veces luchaban con guantes de plomo. Repetidamente le pidió al Señor que lo liberara de esa espina, pero el Señor le ha hecho ver que su gracia es más patente cuanto más limitado se muestra el apóstol («te basta con mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad»). Así no aparece como si Dios se hubiera fijado en él a causa de sus dotes, sino por encima de sus debilidades. Por eso él tomó la decisión de presumir solo de sus debilidades, pues así queda claro que la fuerza del Mesías se nota en hombres comunes y corrientes, que se sienten iguales a los demás, y se desdibuja en los hombres orgullosos, que presumen de ser superiores a los demás. Cuanto más humano como Jesús es el apóstol, más cruel es la cruz y tanto más patente es el amor de Dios que habita en el ser humano.
 
Si una persona aduce haber tenido experiencias místicas, o que le han sido hechas revelaciones del cielo, esas son cosas que nunca se pueden verificar ni demostrar. Constituyen lo que se llama «revelaciones privadas», que no tienen el mismo valor de las verdades reveladas en Jesús, y por eso la Iglesia, sabia y prudentemente, no las urge como tales. Pero cuando alguien se sobrepone a sus pecados y limitaciones, eso es algo que no se puede desconocer ni negar. Cuando alguien es «débil» (limitado), y se sobrepone por la fuerza del amor de Dios, entonces es cuando puede dar testimonio de la potencia liberadora y salvadora de Jesús.
No aciertan quienes afirman que están más dispuestos a creer el testimonio de una persona santa desde siempre que en el de un pecador público que se haya convertido, con el argumento de que se trata de alguien «pecador como yo». Precisamente este es al argumento decisivo, porque esto significa que esa posibilidad está abierta para un «pecador como yo». El verdadero problema es verificar la autenticidad del hecho, la conversión del pecador, que siempre es buena noticia. La auténtica comunidad cristiana se alegra con la enmienda del pecador (cf. Lc 15,10).
Aquí termina la lectura de 2Cor. No fue una lectura completa, pero deja una idea de la comunidad y de la relación de Pablo con ella.
Feliz sábado en compañía de María, madre del Señor.

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