La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-martes

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

14 de mayo. San Matías, apóstol. Fiesta

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (11,19-26):

EN aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.
Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 86,1-3.4-5.6-7

R/.
 Alabad al Señor, todas las naciones

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno
odos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del evangelio según san Juan (10,22-30):

SE celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor

La reflexión del padre Adalberto
Martes de la IV semana de Pascua.
 
Pasar de Judea a Samaría para llevar la buena noticia fue, indudablemente, un gran paso; se dio a raíz de la persecución. Pasar del ámbito judío (la sinagoga) al ámbito pagano es un gigantesco paso que entraña la apertura universal, y el cumplimiento de la misión encargada por Jesús.
Desde los años sesenta del siglo XX, cuando se propuso la «teología de la liberación», surgieron dos corrientes extrañas a la misma, ambas falsificaciones:
• Una, en la línea del mesianismo de los letrados judíos, que presentaba a Jesús como caudillo de masas, comprometido en un proyecto de simple carácter sociopolítico, casi sin relación alguna con el designio amoroso del Padre.
• Otra, en la línea de un espiritualismo religioso (no espiritualidad cristiana) de carácter mágico-supersticioso, que hizo de la historia un escenario parecido al de los «bosques encantados» que aparecen en los cuentos de brujerías.
Si preguntamos cuál es la línea ortodoxa, Jesús nos da la respuesta con sencilla claridad.
 
1. Primera lectura (Hch 11,19-26).
La muerte de Esteban y la feroz persecución que se desató a raíz de ella, produjo una oleada de evangelización. Después vino la conversión de Felipe, quien terminó abriéndose a los paganos. Enseguida, se produjo la conversión de Saulo, quien aceptó a Jesús y el universalismo cristiano. Luego, sucedió la conversión de Pedro, quien en la casa de Simón comprendió que el verdadero problema de las comunidades era su falta de apertura universal, hasta cuando Dios le hizo ver que la doctrina de lo puro y lo impuro era cosa humana, no divina. Pedro verificó esto en casa de Cornelio y lo compartió con sus hermanos. Ahora Lucas vuelve a la persecución que se desató por la muerte de Esteban. En concreto, los perseguidos llegan a Fenicia (actual Líbano), a Chipre (a través del mar: éxodo) y a Antioquía (capital del Oriente), pero limitándose solo a los judíos. Hasta que algunos, de Chipre y de Cirene (actual Libia), tomaron la iniciativa de evangelizar a los no-judíos (paganos) «dándoles la buena noticia del Señor Jesús». Prescindieron del Antiguo Testamento, ya que sus destinatarios no tenían tradición israelita, y les anunciaron el evangelio («la buena noticia del Señor»). El Señor los apoyó, y por eso los paganos se convirtieron al Señor (Jesús). Es un hecho totalmente nuevo.
El hecho de que se creen comunidades en el nombre de Jesús alarma a los de Jerusalén. Bernabé, que no fue enviado en misión oficial (porque iba solo), sino como inspector para luego rendir informe a los de Jerusalén, al discernir aquella generosidad de Dios, se alegró mucho y exhortó a la gente a perseverar en la fe. Prevaleció el discernimiento espiritual sobre el encargo recibido como inspector. Esto se debió a que Bernabé era un hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y fiel. Su condición de «hombre de bien» le hace ver ante todo los signos de vida, lo positivo. Su plenitud de Espíritu Santo le permite ver en ese hecho la manifestación del amor universal del Padre. Y su plenitud de fe le permite ver la coherencia del mismo hecho con el mensaje de Jesús. Por este aval suyo, «una considerable multitud» de paganos se adhirió al Señor. Luego salió para Tarso a buscar a Saulo, que era maestro, para completar el equipo de servicio. Por el hecho de ser una comunidad formada solo por paganos, allí es donde por primera vez a los discípulos los conocen por su verdadera identidad: «cristianos». Ya no los confunden con una secta judía.
 
2. Evangelio (Jn 10,22-30).
Es la fiesta de la dedicación del templo construido por Herodes. Es la última vez que está Jesús en dicho lugar. Aclara el tipo de mesianismo que él se atribuye y se declara el consagrado por el Padre, el nuevo santuario en donde resplandece la gloria divina.
El «invierno» (cf. Ct 2,11-13) sugiere que Jerusalén es ámbito de muerte. Por otro lado, nombrar a Salomón recuerda que las promesas y advertencias de Dios a la casa de David, el ungido, siguen vigentes: si son infieles a la alianza con él, el templo será destruido (cf. 2Cro 7,11-22).
Sin embargo, los dirigentes, que quieren matarlo, acusan a Jesús de no dejarlos vivir. Darle vida al pueblo oprimido por ellos es quitársela a ellos, porque viven a costa del pueblo. Quieren que Jesús declare ser el Mesías, pero él no usará ese título, dada la connotación política que ellos le atribuyen. El mesianismo nacionalista que los dirigentes le inculcan al pueblo –y que responde a sus ambiciones de dominio, no a las promesas de Dios– niega el amor universal. Jesús les afirma que –sin usar el título– se ha declarado Enviado de Dios. Y prueba de ello son sus obras, las que tanto malestar significan para ellos.
Es que para reconocerlo Mesías se hace necesario reconocer que la obra de Dios es creadora, liberadora y salvadora. Por consiguiente, él solo se acredita con esas obras, y no con credenciales jurídicas o escriturarias. Su mesianismo no es un asunto de tipo legal o académico, es la realidad de la obra de Dios en la historia humana. Mesías es el que restaura el orden creado, da libertad e infunde vida nueva; pero ellos no creen porque no son «ovejas» suyas (no escuchan su mensaje liberador ni lo siguen a él). Por no haber tenido la experiencia personal de su amor (viven como masa), no han experimentado su protección, no saben lo que significa estar en sus manos, que es lo mismo que estar en las manos del Padre, o sea, tener la garantía de su plena realización. Tampoco saben lo importante que es el ser humano para el Hijo y para el Padre, los cuales, como son uno, están identificados en el empreño por lograr la plena realización humana.
 
La universalidad del amor de Dios y el consecuente carácter incluyente de la evangelización, tiene un innegable impacto social, cultural y político que replantea las relaciones de convivencia de las sociedades humanas. El hecho de que la obra de Dios no se confunda con una opción política, con un sistema económico o con una definida organización social no significa que sea inerte, o irrelevante; al contrario, se sitúa por encima de los partidismos para procurar el bien universal.
Mesías es el que –de hecho– hace libre de toda opresión. Los dirigentes explotadores no quieren acreditar a Jesús porque las obras de él desacreditan las de ellos. Como «son ladrones y bandidos», explotan y oprimen al pueblo; Jesús, como Mesías, no respalda, no legitima ni sacraliza su poder, sino que lo desautoriza.
Por eso, no es coherente que discípulos de Jesús, que públicamente «comulgan» (se hacen uno) con él, apoyen un sistema social explotador u opresor. Sea que explote y oprima con doctrinas que se disfrazan de religiosas, sea que lo haga expoliando de sus bienes a la gente, privándola del disfrute de su libertad, o haciéndola sentir indigna, culpable o incompetente. La comunión con Jesús nos confiere «autoridad» (ἐξουσία) para inspirar, estimular e impulsar el desarrollo humano de los demás; jamás nos otorga «poder» (κράτος) para anular la libertad de los demás, y mucho menos para hacerlo en nombre de Dios.
Feliz martes.

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