La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-lunes

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Lunes de la VI semana de Pascua

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (16,11-15):

NOS hicimos a la mar en Tróade y pusimos rumbo hacia Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, primera ciudad del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí nos detuvimos unos días.
El sábado salimos de la ciudad y fuimos a un sitio junto al río, donde pensábamos que había un lugar de oración; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.
Se bautizó con toda su familia y nos invitó:
«Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa».
Y nos obligó a aceptar.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/.
 El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca.
Es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,26–16,4a):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Palabra del Señor

La reflexión del padre Adalberto
Lunes de la VI semana de Pascua.
 
El primer obstáculo que debe vencer el evangelizador es el particularismo excluyente. Este se anida y fortalece en el «corazón», y de allí es de donde hay que expulsarlo.
Jesús va a explicarles a sus discípulos cómo el Espíritu Santo los va a ayudar en la misión, y cuáles serán los adversarios que se les opondrán en su labor de mensajeros suyos.
 
1. Primera lectura (Hch 16,10b-15).
En el códice Beza se lee: «cuando él (Pablo) se despertó, …» dando a entender así que Pablo tenía constantemente esa visión del macedonio –Jesús en figura de macedonio–, pero que no le daba importancia, porque no interpretaba su significado. Y, continúa el códice Beza: «nos refirió la visión…» –obsérvese el pronombre «nosotros»– «y nosotros entendimos que debíamos salir de inmediato para Macedonia, porque Dios nos había llamado a nosotros a darles la buena noticia».
Interpretada la visión, el grupo salió para Macedonia y se fue directo a Filipos. Era una ciudad pagana, sin notable presencia judía (no había sinagoga), pero de relieve en la organización del imperio romano. El sábado, en vez de permanecer quietos, salieron de la ciudad a buscar un lugar de oración. El grupo «nosotros» se dedicó a unas mujeres paganas que llegaron a ellos. Es importante que se trate de mujeres, porque con ellas no se podía constituir una sinagoga. El tono de este grupo es cristiano, ya que el grupo «nosotros» es profético, y propone el mensaje de Jesús. Entre tanto Pablo se concentró en cierta asiática que representa a los paganos simpatizantes del judaísmo. Era de Tiatira, no de Filipos, comerciante de mercancías de alto costo, y con residencia también en Filipos. El Señor intervino para que ella entendiera lo que hablaba Pablo (quiere librarlo del fracaso), porque ella no entendía. Esta se bautizó «con toda su casa» (no se dice que recibieron el Espíritu Santo). Su bautismo la integra más al mundo judío que a la comunidad de los discípulos de Jesús. Es una conversión incompleta, por lo que el grupo «nosotros» manifiesta cierta reticencia, y ella «suplicó» insistentemente ser reconocida mediante el hecho de alojarse en su casa como demostración de que la juzgan «fiel al Señor» (el códice Beza dice «fiel a Dios», al Dios de Israel). Su insistente súplica indica que al principio el grupo no había aceptado. El grupo «nosotros» se resistía para evitar que la población los identificara como judíos. Pero finalmente ella los presiona. El Señor reconoce y rescata la buena fe de Pablo, pero al mismo tiempo le va indicando por medio del grupo «nosotros» cuándo se desvía la misión.
 
2. Evangelio (Jn 15,26-16,4a).
El Paráclito se llama ahora «Espíritu de la verdad». Se trata, ante todo, de la verdad de Dios, que es su amor inmenso por toda la humanidad. Jesús recibe continuamente ese Espíritu como flujo de fuerza y vida que procede del Padre. El Espíritu es Dios mismo, que se comunica dando vida. Por eso es «la verdad» de Dios. La misión del Espíritu dentro de la comunidad es dar testimonio de Jesús, y también los discípulos han de dar testimonio de Jesús ante el mundo, precisamente porque han estado con él «desde el principio». Esto de estar con él «desde el principio» significa que los discípulos son testigos de la vida entera de Jesús, desde su actuación histórica hasta la que realiza después de resucitado. Es decir, no separan el Jesús de la historia del Jesús de la gloria. O, dicho de otro modo, no desvinculan el compromiso histórico de Jesús de la gloria celeste que ahora ostenta, no desligan la cruz de la resurrección.
Hay un hecho que los discípulos deben enfrentar decididamente: las instituciones religiosas se van a venir contra ellos y los van a atacar. Como estas instituciones le rinden culto a un ídolo, se imaginan que quitándole la vida a los demás están honrando a su falso dios. Jesús les hace ver que eso sucede precisamente porque los que defienden dichas instituciones no conocen al Padre ni tampoco lo conocen a él. Es decir, son religiosas, pero no creyentes. Esas instituciones tendrán su «hora», o sea, su momento de sembrar terror y destruir vidas, en contraste con la «hora» de Jesús, que es la de dar vida a toda la humanidad por el don del Espíritu. La advertencia de Jesús tiene como finalidad alertar a los suyos para que recuerden que eso estaba previsto, puesto que lo mismo había acontecido con él; que no se los había dicho desde antes porque entonces él los protegía de las asechanzas de las autoridades religiosas, pero de este momento en adelante ellos solamente tendrán que valerse de la fuerza interior de amor que les comunica del Espíritu Santo.
 
Aquí encontramos la razón de por qué prosperan los grupos y los movimientos que proponen devociones que prometen y no comprometen, que no son netamente cristianos, que proponen incluso visiones distorsionadas de Dios, de Jesús o de la buena noticia: el Señor nunca quiebra la caña rajada, por eso no elimina esos grupos. Pero «nosotros» tenemos la responsabilidad de ser testigos del amor universal que nos identifica como «cristianos».
Debemos insistir una vez más en diferenciar el testimonio de la publicidad y de la propaganda. No es lo mismo hacerle publicidad o propaganda a Jesús que dar testimonio de él. El testimonio implica la ayuda del Espíritu Santo y por consiguiente la fuerza de amor que procede de él. La publicidad y la propaganda solo necesitan eficaces técnicas de mercadeo. Solamente quien ama al estilo de Jesús da testimonio de él. Y ese testimonio implica «guardar su mensaje», es decir, el compromiso de dar, entregar o dedicar su existencia a procurar libertad y vida a la humanidad. Desde luego, este testimonio suscita la oposición de quienes sienten amenazados sus intereses con dicha labor. Y surge entonces la persecución, incluso disfrazada con vestidura religiosa. El discípulo cuenta con la fuerza interior del Espíritu Santo para sobreponerse a esa persecución.
Feliz lunes.

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