La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-lunes

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Foto: Pïxabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Palabra del día

Lunes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II

Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Memoria obligatoria, color blanco

PRIMERA LECTURA

No somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 22-24. 26-27. 31—5, 1

Hermanos:

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios.

Esto tiene un significado:

Las dos mujeres representan dos alianzas.

Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí.

La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura:

«Alégrate, estéril, que no das a luz,
rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto,
porque la abandonada tiene más hijos
que la que vive con el marido».

Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 112, 1-2. 3-4. 5a y 6-7 (R.: cf. 2)

R. Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

O bien:

R. Aleluya.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre. R.

Aleluya Cf. Sal 94, 8ab

No endurezcáis vuestro corazón;
escuchad la voz del Señor.

Versículos alternativos para el Aleluya

EVANGELIO

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:

—«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Palabra del Señor.


Reflexión de la Palabra

Lunes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
Pablo desarrolló aún más la comparación de la ley con una niñera explicando que correspondía a esa etapa infantil de la humanidad en la que el niño se equipara al esclavo, y que la obra de Dios por medio de Jesús consistió en liberar al hombre de esa condición para darle la condición adulta y, por tanto, libre por el don del Espíritu de su Hijo (cf. Ga 4,1-7).
Cuando los gálatas eran paganos, fueron también esclavos. Volver ahora a la religión judía es regresar a otra forma de esclavitud, no ya de los ídolos, pero sí de la Ley (cf. Ga 4, 8-11). Pablo se refiere a la madurez humana que mostraron cuando él los evangelizó estando enfermo (no explica de qué): lo recibieron «como al Mesías en persona». Y, aunque entonces lo acogieron generosamente, esa dicha se desvaneció hasta el punto de que ahora Pablo pareciera ser enemigo suyo. Los que quieren aislarlos y separarlos de Pablo no proceden lealmente porque pretenden someterlos. Y los gálatas debieran darse cuenta. Pese a todo eso, Pablo los ama con un amor materno y quisiera dar por concluido este asunto, pero los gálatas deben poner de su parte.
El comentario se hace al texto íntegro (Gal 4,21-5,1).
Gal 4,22-24.26-27.31-5,1.
Pablo les hace una concesión: si quieren someterse a la Ley, háganle caso a lo que la Ley dice (cf. Gal 4,21, omitido). En el mismo versículo, el término «Ley» tiene dos sentidos: la primera vez, se refiere a la «Ley» que prescribe mandatos; la segunda, a la «Ley» que revela y anuncia la promesa. Y explica en qué deben hacerle caso.
Valiéndose del relato de Gn 16, 17 y 21, contrapone dos figuras: Agar, la esclava, y Sara, la mujer de Abraham. Los israelitas se consideraban descendientes de Isaac, el hijo de Sara, y despreciaban a los descendientes de Ismael, el hijo de Agar, pese a que ambos eran hijos de Abraham.
Pero ahora él interpreta de otro modo esos textos, como una «alegoría». Ser «hijo de Abraham» «según la carne» –como el hijo de Agar–, deja al hombre en la servidumbre que caracteriza la antigua alianza; ser hijo de Abraham «según el Espíritu» –como el hijo de Sara–, libera al hombre y le da acceso a la herencia. Aplica de este modo la alegoría: los descendientes de Agar, la esclava, son los judíos; los de Sara, la libre, los cristianos. Y la explica así: los que descienden de Abraham de modo natural, como Ismael, son los judíos; los que descienden de Abraham en virtud de la promesa de Dios, como Isaac, son los cristianos.
También, valiéndose de las mismas dos figuras femeninas, contrapone dos alianzas: la del monte Sinaí, personificada por Agar –«porque el monte Sinaí está en Arabia»– y (sin mencionarla) la nueva alianza, la del Espíritu. En la misma línea, contrapone la Jerusalén «actual», que, según él, corresponde a la alianza del Sinaí (monte que está en Arabia, de donde era Agar), con la Jerusalén «de arriba», celeste, que es la destinataria de la promesa que está en Is 54,1-3. La madre de los judíos es la Jerusalén «de ahora», la de la primera alianza, la del monte Sinaí, es decir, Agar. La madre de los cristianos es la Jerusalén «de arriba», la de la promesa, la de la nueva alianza, la del Espíritu, es decir, la libre. Por tanto, los cristianos, lo mismo que Isaac, son hijos de la promesa. Esta promesa, según Isaías, se refiere a la «estéril» (alusión simultánea a Sara y al mundo pagano), y le anuncia numerosos hijos.
Pero, así como en el pasado el hijo de la esclava perseguía al hijo de la libre, así también verifica que ahora los cristianos «judaizantes» persiguen a los cristianos «espirituales».
Por tanto, si quieren someterse a la Ley, esta manda expulsar a la esclava y a su hijo, porque no van a compartir la misma herencia. Puesto que los cristianos no son hijos de la esclava, no tienen que hacerle caso a lo que dicen los que siguen la Ley.
Ser cristiano significa ser hijo y ser libre, con la libertad del Espíritu, que nos dio el Mesías. Y él nos «liberó para la libertad» (hebraísmo), es decir, para ser totalmente libres. Por consiguiente, lejos de dejarnos privar del don de la libertad, nos corresponde darle todo su valor. La invitación a mantenerse firmes y a no dejarse someter de nuevo al yugo de la esclavitud se entiende como exhortación a vivir la libertad cristiana en la fe por el don del Espíritu y a resistirse a todo intento de volver a las constricciones de la Ley («cárcel») o a su tutela («ayo»).
La libertad cristiana está vinculada al concepto de la adultez cristiana, adultez que depende de la experiencia del Espíritu del Padre y del Hijo. En cuanto Espíritu del Padre, es experiencia del asombroso amor universal, gratuito y fiel del Padre, que nos hace hijos, lo cual nos llena de alegría, nos permite desarrollar una extraordinaria libertad y vivir en total confianza. En cuanto Espíritu del Hijo, es experiencia de la capacidad de amar como somos amados, por la cual nos hacemos hijos, porque reproducimos en nosotros la imagen del Hijo y damos testimonio en el mundo del amor del Padre viviendo como hombres nuevos y conviviendo como hermanos de todos. Esta condición de «hijos» nos convierte en realizadores del designio del Padre.
La comunión con el Señor exige esta libertad. Los relatos de la repartición de los panes señalan que, como condición previa para la comida, Jesús hizo «recostar» (ἀνακλίνω, κατακλίνω) a los comensales, porque esa es la actitud propia de los hombres libres para comer. Y los hombres libres manifiestan su estatura humana, su grandeza, sirviendo como amigos (cf. Lc 22,27). Sin libertad, el servicio cristiano es imposible; sin servicio, la libertad cristiana es imperceptible.
Feliz lunes.
Adalberto Sierra Severiche, Pbro. 
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro → Fan page 

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