La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-jueves

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Foto: Pixabay.

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

Jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,1-11):

Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleráis. Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen intacta. Pero me temo que, igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo. Se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que yo predico, os propone un espíritu diferente del que recibisteis, y un Evangelio diferente del que aceptasteis, y lo toleráis tan tranquilos. ¿En qué soy yo menos que esos superapóstoles? En el hablar soy inculto, de acuerdo; pero en el saber no, como os lo he demostrado siempre y en todo. ¿Hice mal en abajarme para elevaros a vosotros? Lo digo porque os anuncié de balde el Evangelio de Dios. Para estar a vuestro servicio, tuve que saquear a otras Iglesias, aceptando un subsidio; mientras estuve con vosotros, aunque pasara necesidad, no me aproveché de nadie; los hermanos que llegaron de Macedonia proveyeron a mis necesidades. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Lo digo con la verdad de Cristo que poseo; nadie en toda Acaya me quitará esta honra. ¿Por qué?, ¿porque no os quiero? Bien lo sabe Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 110,1-2.3-4.7-8

R/.
 Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor

Doy gracias al Señor de todo corazón, 
en compañía de los rectos, en la asamblea. 
Grandes son las obras del Señor, 
dignas de estudio para los que las aman. R/. 

Esplendor y belleza son su obra, 
su generosidad dura por siempre; 
ha hecho maravillas memorables, 
el Señor es piadoso y clemente. R/.

Justicia y verdad son las obras de sus manos, 
todos sus preceptos merecen confianza: 
son estables para siempre jamás, 
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.» Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

La reflexión del padre Adalberto
Jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.
 
Entre los capítulos 10–13 está la que los especialistas identifican con la carta que Pablo dice haber escrito «con muchas lágrimas» (2Cor 2,4), de la cual Tito fue el portador, y que produjo tan buenos frutos de reconciliación. El leccionario omite el capítulo 10, en donde Pablo se defiende de las acusaciones personales y de las descalificaciones como apóstol. Lo acusan de valiente a distancia y cobarde en presencia; explica que él no se deja llevar por el impulso, y que su lucha tiene por objetivo derribar lo que se opone a Dios para subordinarlo a Cristo; lo acusan de abuso de autoridad, y aclara que su autoridad es para construir, no para destruir; finalmente, lo acusan de igualarse con los super apóstoles, y aprovecha para declarar cuáles son las motivaciones de su apostolado.
Pablo les reprocha quedarse en las apariencias. Alguno reclama en exclusiva para sí el nombre de «cristiano» (Χριστοῦεἶναι: «ser de Cristo», ser cristiano); Pablo le pide tener en cuenta que él es «tan de Cristo como lo es él». Quizá se refiera aquí a los que reclamaban la pertenencia a Cristo como exclusividad de su partido (cf. 1Cor 1,12). Otro presume de ser mejor que los demás, cosa que a Pablo le parece una locura, pero él dice atenerse a la medida que le asignó Dios, que consiste en no evangelizar donde otros ya lo han hecho.
En el capítulo 11 recurre al sarcasmo pidiendo que le aguanten «unos cuantos disparates».
 
2Cor 11,1-11.
Comparando a la iglesia de Corinto con una virgen intacta presentada al Mesías –imagen de los profetas del AT y del mismo Pablo (cf. Ef 5,27)–, asume el papel del guardián encargado de custodiar a la virgen para su prometido esposo, y declara que él siente los celos de Dios porque esa iglesia, como Eva, se está dejando seducir por «la serpiente» (el oráculo del falso profeta), lo cual conducirá a sus miembros a pervertir su modo de pensar y a abandonar la entrega y la fidelidad al Mesías. Pablo sintetiza así el asunto: el mensaje del falso profeta («la serpiente») les pervierte el «modo de pensar» la fe; esta perversión los conduce a la apostasía (abandonar la entrega y la fidelidad al Mesías). Enumera tres formas de dicha perversión: 
1. Un Jesús diferente. El Mesías sin cruz (cf. Gal 3,1-4). Los falsos profetas proponen con su vida y su doctrina una imagen distorsionada de Jesús, contraria a la imagen que Pablo les dio con su testimonio y con su mensaje («diferente del que yo prediqué»). Como sugiere adelante, él no se presentó como un retórico –con discursos elaborados– sino servicial y desinteresado (cf. 2Cor 11,7-8). Por contraste, sus antagonistas son codiciosos charlatanes.
2. Un Espíritu diferente. El del paganismo (cf. 1Cor 12,1-3). Por sus antecedentes paganos, a los corintios los agradaban las manifestaciones espectaculares de «fenómenos espirituales» (cf. 1Cor 12,1-2). Pablo les recuerda que el Espíritu Santo no reniega del Jesús histórico, sino que lo reconoce en el Señor glorificado (cf. 1Cor 12,3). Los falsos profetas parecen proponer un Espíritu ajeno a la historia de Jesús y cercano a sus intereses mezquinos.
3. Un Evangelio diferente. Descartado por Pablo (cf. Ga 1,7-9), ese «evangelio diferente» se resume en mezclar la buena noticia con la Ley o –en el peor de los casos– subordinarla a ella. Aducir el origen étnico, en evidente contradicción con el amor universal de Dios anunciado por Jesús, o presumir de ser servidores del Mesías cuando, en realidad, dominan, explotan y engañan a la gente, es una censurable adulteración de la buena noticia de Jesús.
Lo que Pablo les reprocha a los corintios es el hecho de que aguanten tranquilamente lo que hacen esos impostores y que se hagan cómplices de sus engaños y turbios manejos. Pablo los llama «super apóstoles», y con eso refleja bien los aires de superioridad con los que llegaban a las comunidades evangelizadas por otro a hacerse servir y a servirse de la gente utilizando el nombre del Mesías, alegando respaldo del Espíritu Santo y proponiendo un evangelio que se acomodaba a sus pretensiones de superioridad.
Esos falsos profetas alardean de ser más que Pablo dos razones: porque este no se preocupa por la retórica (hablar y orar bonito) sino por la fidelidad al mensaje, y porque Pablo trabaja humilde y gratuitamente, sin reclamar dinero, incluso al precio de aceptar subsidios de otras comunidades, precisamente para dejar claro que le interesaban solo las personas. Reconoce, pues, que él entrega el mensaje sin preocuparse mucho de la retórica efectista («en el hablar seré inculto, de acuerdo»), pero afirma tajantemente que su mensaje refleja la ciencia de Dios («pero en el saber no»), ya que él transmite la revelación que recibió del Señor, y no saberes humanos. Y, para «demostrar» que su saber es superior, Pablo se remite a su testimonio, no a una autoridad intelectual («se los he demostrado siempre y en todo»), como acostumbraba Jesús, que remitía a sus obras para confirmar que su mensaje provenía de Dios. Esas son sus pruebas del amor desinteresado por ellos delante del Señor.
Su saber, su actitud servicial y su desinterés son los recursos de los que él se vale para marcar la diferencia entre los «super apóstoles» y él. Y, sobre todo su desinterés, es algo que ninguno de sus adversarios quisiera apropiarse, dado que a ellos los mueve el interés. Por eso, afirma que los «super apóstoles» son falsos apóstoles, obreros fingidos, disfrazados de apóstoles del Mesías. Pablo denuncia a esos impostores como traficantes de la palabra de Dios, tráfico que se ha generalizado (cf. 2Cor 2,17; Fil 3,2). Dice que eso no le sorprende, porque Satanás suele disfrazarse de mensajero de luz (o «de ángel luminoso»; cf. 2Cor 2,11), afirmación con la que alude a ciertos relatos de los rabinos. Pero nada de eso tendrá éxito, el final que les espera es tan frustrante como son un fraude sus obras (cf. 2Cor 11,12-15, omitido).
 
Aunque el lenguaje sea apasionado y el estilo polémico, el problema es innegablemente actual. Todavía hay muchos (uno solo sería ya demasiado) que se dedican a acreditarse a sí mismos y no dejan pasar oportunidad que se les presente para desacreditar a los que consideran sus rivales. Es triste el espectáculo que dan «apóstoles» que desperdician energías descalificando a otros, como si así se calificaran a sí mismos. Hay que aprender de la historia de la Iglesia.
La enseñanza que Pablo deja es entrañablemente cristiana. En vez de rivalizar con los falsos apóstoles, se presenta como alternativa. Su hablar sencillo, penetrado de la sabiduría de Dios; su servicio humilde, respetuoso de la libertad ajena; su total desinterés y su innegable amor por los cristianos, son el sello que autentica su apostolado. Los «super apóstoles» no pueden prescindir de sus alardes retóricos, de su afán de dominio ni, sobre todo, de su interés por el dinero, que los impulsa a aprovecharse de la gente.
La partícula del pan consagrado que se echa en el cáliz antes de la comunión expresa la unidad entre todos los que celebran la misma eucaristía. Lo coherente es, pues, manifestar esa unidad en la vida diaria, sea en nuestra actividad evangelizadora, sea en el quehacer pastoral.
Feliz jueves eucarístico y vocacional.

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