La Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto-domingo

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Angeles

(Contenido facilitado por www.diocesisdesincelejo.org)

XV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

surtigas 2

La Palabra del día

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,10-14):

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Escucha la voz del Señor, tu Dios, observando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el libro de esta ley, y vuelve al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir:
“¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”. Ni está más allá del mar, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”.
El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,14.17.30-31.33-34.36ab.37

R/.
 Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.


V/. Mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mi. R/.

V/. Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.

V/. Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

V/. Dios salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R/.

Salmo responsorial (opción 2)
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R/.: 9ab)

R/. 
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. 

V/. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.

V/. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

V/. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

V/. Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,15-20):

Cristo Jesús es imagen del Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque en él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres,
visibles e invisibles.
Tronos y Dominaciones,
Principados y Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo,
y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él y para él
quiso reconciliar todas las cosas,
las del cielo y las de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
Él le dijo:
«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
El respondió:
«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».
Él le dijo:
«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?».
Respondió Jesús diciendo:
«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo:
«El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».

Palabra del Señor


La reflexión del padre Adalberto

XV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
 
Es claro que no todas las preguntas se hacen con intenciones de conocer o entender; algunas de ellas pretenden dejar al descubierto la ignorancia del interrogado; otras, ponerlo en aprietos con diversos propósitos. Pero hay otras que conducen al interrogado a abrir su mente para entender las situaciones, comprender a las personas y descubrir modos para ayudarlas. Todo depende de quién pregunta y de cuáles son sus intenciones. Hoy veremos dos maneras de preguntar.
Jesús replantea como un ejercicio dialógico lo que un jurista le plantea como una confrontación dialéctica. La intención del jurista era imponer su visión; en cambio, Jesús buscaba que el jurista descubriera por sí mismo, y no por autoridad ajena, la respuesta a la inquietud que le formulaba. El recurso que Jesús hace a la parábola tiene esa finalidad: poner a la persona a pensar, para que por sus propios razonamientos llegue a la respuesta que busca.
 
Lc 10, 25-37.
El relato de este domingo consta de tres partes, centradas en la segunda, que es la más extensa:
Primera: Pregunta de un jurista a Jesús con intención de ponerlo a prueba, y respuesta de Jesús.
Segunda: Pregunta del jurista para justificarse, y respuesta de Jesús refiriéndole una parábola.
Tercera: Pregunta de Jesús al jurista, respuesta de éste a Jesús, y exhortación de Jesús al jurista.
1. Introducción.
Con clara hostilidad se encara a Jesús un jurista de esos que frustraron en ellos mismos el designio de Dios (cf. Lc 7,30). A su parecer, Jesús insiste en el reinado de Dios en la tierra, pero no hace hincapié en la vida eterna. Su insidiosa pregunta tiene, entonces, doble intención: que Jesús se pronuncie sobre la vida eterna, y que reconozca el carácter formativo de la Ley al respecto.
Jesús lleva al jurista a responderse a sí mismo. Efectivamente, el cumplimiento de la Ley basta para heredar la vida eterna. Por tanto, lo que tiene que hacer es ponerla en práctica.
Aparecen dos maneras de preguntar: el jurista, poniendo el código por encima del ser humano, pretende que Jesús se someta al código; en cambio, Jesús, pretendiendo liberar al ser humano, le hace ver al jurista que él ya conoce la respuesta a lo que pregunta.
2. La pregunta por el prójimo.
El jurista planteó su pregunta en términos de «hacer para vivir», según lo aprendido por él en la tradición de Moisés (cf. Deu 4,1; 5,33; 8,1; 16,20); 30,16), y pensando ahora en que para heredar la vida eterna se requiere lo mismo que para vivir «en la tierra (prometida)». Todavía no entiende que la verdadera tierra prometida está más allá de esta tierra física y de esta vida mortal.
La solución de Jesús resultó muy sencilla. Y el jurista intentó entonces explicar por qué hizo la pregunta. Él no veía problema en amar a Dios. El problema –parece decir– es saber quién es el prójimo. Tal pregunta era impensable en un judío, puesto que todos tenían claro que «prójimo» era el «hijo» de su pueblo, lo que excluía a los extranjeros. Pero el jurista quería presionar a Jesús a decir que un extranjero puede ser «prójimo». Por eso precisó preguntando a quién debía mirar como prójimo. Entonces Jesús le respondió con una parábola:
De entrada, Jesús planteó un problema humano («cierto hombre…»): un ser humano al cual han atropellado y le han desconocido sus derechos, aunque el hecho de bajar de Jerusalén a Jericó lo identifica fácilmente como un judío piadoso que veía de cumplir sus deberes religiosos.
Enseguida, contrasta la actitud de dos hombres religiosos –que eran los más obligados en Israel a cumplir la Ley– con la de un extranjero hereje en relación con el ser humano cuya dignidad ha sido desconocida y cuyos derechos han sido conculcados:
Los dos primeros se desentienden del connacional caído en desgracia –movidos quizá por tabúes religiosos– y siguen su camino sin inmutarse. Jesús no explica los motivos de su indiferencia; él quiere resaltar la indiferencia misma: vieron, dieron un rodeo y pasaron de largo.
El tercero interrumpe su viaje de negocios, se acerca al hombre violentado, le brinda los primeros auxilios, lo lleva a un lugar seguro e interesa a otro en su cuidado. Jesús hace notar detalladamente las actitudes y las acciones del samaritano: vio, se conmovió y se hizo cargo.
Con el recurso a la parábola Jesús no evade la pregunta ni se rehúsa a responder, sino que quiere que el jurista analice y deduzca por sí mismo la respuesta que busca. Esto implica que el jurista es capaz de llegar a esa respuesta por sus propios medios.
3. Conclusión.
Jesús vuelve a preguntarle al jurista para que él saque sus propias conclusiones, pero replantea la cuestión. La pregunta no es «¿quién es… prójimo?», sino «¿cuál… se hizo prójimo?». Con esto da a entender que el «prójimo» no es algo definido de antemano, y que es una relación que se construye en la medida de la propia sensibilidad ante la necesidad del otro, que uno no «nace» prójimo, sino que «se hace» prójimo, y esto implica una decisión personal, una iniciativa propia, porque uno puede hacerse «prójimo» de cualquiera, sea compatriota o extranjero.
El jurista no podía eludir la respuesta, pero la formuló cautelosamente: «El que se compadeció de él». Evita así pronunciar el gentilicio «samaritano», que para los judíos era un nombre maldito.
Y nuevamente insiste Jesús en el compromiso: «Pues anda, haz tú lo mismo», que significa «hazte prójimo del mismo modo». Compadeciéndose efectivamente del que sufre, uno se hace prójimo.
Definitivamente, la vida eterna se hereda por medio del compromiso de amor en la vida terrena.
 
El reino de Dios tiene dos etapas: La etapa terrestre, en la cual Dios reina a través del Espíritu que él infunde en los que le damos nuestra adhesión a Jesús, y actúa a través de nuestro amor. La etapa celeste, más allá de la muerte, en la cual Dios reina haciéndonos herederos de su misma vida, de su condición divina, y a través de nosotros continúa actuando en la historia.
La herencia definitiva («la vida eterna») depende de la forma como hayamos administrado la vida que Dios nos infunde a través de su Espíritu Santo en esta historia, teatro en donde se desarrolla el drama entre el amor y la indiferencia.
La compasión, que es fruto de la sensibilidad humana, nos lleva a la misericordia, que es amor hecho ayuda efectiva. Y este amor nos hace herederos de la vida eterna.
En la celebración de la eucaristía conmemoramos al Dios «compasivo y misericordioso» que se reveló en Jesús; y comiendo el cuerpo de Jesús nos hacemos solidarios con él, recibimos el don de su Espíritu y fortalecemos nuestra decisión de seguirlo ejerciendo la compasión con todos los atropellados de la tierra, independientemente de su condición o de la nuestra.
Feliz día del Señor.

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