La que puede ser la última corraleja de Sincelejo, luego de la decisión de la Corte Constitucional sobre este tipo de eventos para el año próximo, se inició en medio de 40 minutos de lluvia y confusión jurídica alrededor del permiso para su realización en 2026.
A las 3:15 de la tarde había nubarrones sobre la plaza Toro Bravo, en la salida a Sampués, un amargo recuerdo del clima de hace 46 años, cuando ocurrió la tragedia de la caída de los palcos.
La confusión jurídica radica en que el exsecretario de Gobierno de Sincelejo Mario Yeneris interpuso una tutela por considerar que no estaban dadas las garantías para la seguridad de los espectadores de la fiesta brava, ante lo cual un juzgado suspendió el evento como medida cautelar hasta que, de manera oficial, fueran subsanadas las presuntas irregularidades.
La fiesta, con lleno considerable, se llevó a cabo sin inconvenientes.
Sobre esta situación, la Administración, encargada de entregar los permisos necesarios a los organizadores privados, ha omitido un pronunciamiento oficial, mientras que en redes sociales circularon imágenes de las pruebas de resistencia de la estructura artesanal de madera.



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